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Bibliotecas por lo alto
Enmarcados
dentro del Plan Municipal Parques Bibliotecas del programa de la Alcaldía
“Medellín, la más educada”, estos cuatro proyectos se levantan en los cerros
de la capital antioqueña como nuevos íconos de una ciudad que tiene una cara
diferente para mostrar.
Ubicadas
en puntos estratégicos de la ciudad, las bibliotecas La Quintana, La Ladera,
Santo Domingo y San Javier se han convertido en un importante eslabón en la
transformación urbana y social que quiere llevar a cabo la Alcaldía de
Medellín.
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Los proyectos fueron adjudicados por concurso. “De esta manera los
arquitectos pudieron interpretar lo que queríamos”, responde Carlos Mario
Rodríguez, arquitecto y gerente de diseño urbano de la Empresa de Desarrollo
Urbano Municipal de la ciudad.
Para desarrollar las bibliotecas se tuvieron en cuenta tres aspectos
fundamentales: la recuperación y el fortalecimiento de las centralidades
barriales y zonales, disminuyéndole presión al centro de la ciudad y
logrando presencia institucional; la proximidad a sistemas de transporte
público y la cercanía a sistemas ambientales que se pudieran articular a
través de parques lineales.
A partir de esos criterios urbanos, estos nuevos edificios debían
convertirse en espacios de encuentro y en referentes contemporáneos de la
ciudad con un mayor valor de uso.
Con otros
ojos
Ubicada en un sector de difícil acceso y con graves conflictos sociales,
económicos y políticos, la biblioteca San Javier le ha dado a la gente de
este lugar olvidado de Medellín una oportunidad para mirarse y reaccionar de
otra forma.
El reto de la San Javier, localizada frente a la cárcel de mujeres que será
demolida para dar paso a un importante proyecto de vivienda y en cercanías
del parque lineal de la quebrada La Hueso, ha sido fortalecer el componente
cultural, educativo y de transformación de hábitos de vida.
“Ese es el punto medular: jalonar comportamientos diferentes en una
comunidad que ha estado marginada en transporte, cultura, educación y
equipamiento”, comenta Javier Vera, arquitecto diseñador de la biblioteca.
El edificio tiene una postura muy respetuosa con el lugar. Es una
arquitectura que ha sabido leer la topografía de la montaña. Concebida como
una serie de vagones o anaqueles urbanos que se van escalonando de una
manera sutil, la biblioteca está cobijada bajo una sola cubierta troquelada
de patios.
Esto le permite al usuario serpentear a través de una rampa continua por
todos los espacios impregnados de naturaleza. “Existe una sensación de
libertad y de contacto con la naturaleza muy interesante.
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En el interior hay nísperos y olivos y en el exterior la biblioteca está
sumergida en un bosque de acacias amarillas, como si a las características
morfológicas del barrio se les diera continuidad con la geometría del
edificio”, aclara Vera.
En su interior estos vagones, piedras monolíticas en concreto, como los
llama Vera, están conectados entre sí por una rampa, pero pueden funcionar
como espacios completamente independientes. Como un estímulo para volver a
trabajar y a activarse se levanta en la parte baja del piedemonte el Cedezo.
La
Quintana, más allá de una biblioteca
Localizada
en el parque lineal La Quintana, paralelo a la quebrada del mismo nombre, la
biblioteca se levanta como elemento unificador de los barrios ubicados a
ambos costados del arroyo.
“Aquí se puede hablar más que de una biblioteca, de un espacio público
abierto y libre, que los vecinos puedan sentir como propio y que permita
nuevas expresiones sociales.
Ésta es la esencia del edificio”, comenta Ricardo La Rotta Caballero,
arquitecto y diseñador de la biblioteca. En este sentido se diseñó una
“calle pública” desde donde se generan las diferentes zonas de relación con
la comunidad.
Sobre este camino y abarcando espacios abiertos y cerrados se levanta una
gran pérgola en madera teka que crea, como un árbol, un espacio de reunión
bajo la sombra y un interesante microclima.
Esta pérgola tiene a la vez un sentido de umbral o puerta de acceso al
parque La Quintana, a la biblioteca (como vía al conocimiento) y a Medellín
pues desde allí se descubre toda la ciudad.
El proyecto, muy horizontal e integrado a la topografía, contempla
básicamente dos grandes bloques en alturas diferentes: el de la biblioteca
misma en la parte baja, más privado, más silencioso, y el de arriba, en
donde se despliega toda la actividad pública. Un espejo de agua paralelo a
la quebrada recorre el camino entre ambos edificios.
Vale la
pena destacar la importancia de las grandes diferencias de altura del
terreno, pues, gracias a ellas, se generaron diversos niveles donde se
extienden los diferentes espacios con sus actividades. Aprovechando esto, se
creó una terraza donde está ubicada la cafetería, mirador desde donde se
observa toda la ciudad.
Dentro del concepto de progreso la biblioteca se vinculó al desarrollo
empresarial y profesional de la gente a través del Centro de Desarrollo
Empresarial (Cedezo) ubicado allí. El reto acá supuso luchar contra el
reloj.
Se trabajó con concreto gris en los muros, arcilla en el piso y madera en
las zonas altas y las persianas. Pero el desafío más grande era la gente;
devolverle la confianza para que se apropiara del espacio. Y el proyecto lo
logró.
Dos
proyectos un solo arquitecto
Las
bibliotecas La Ladera y Santo Domingo fueron diseñadas por el arquitecto
Giancarlo Mazzanti teniendo en cuenta necesidades y condiciones diferentes
para cada una. El resultado: dos proyectos exitosos de transformación en
zonas marginales de Medellín.
En el caso de la biblioteca La Ladera, localizada en el centro- oriente de
la ciudad en lo que fuera la antigua cárcel del mismo nombre, ésta se funde
con la topografía y los espacios fluyen en lo horizontal.
Más allá de un edificio convencional, la biblioteca está planteada como una
serie de terrazas a modo de miradores en donde la gente se puede encontrar y
apreciar desde allí la ciudad. Tres módulos plataformas contienen la
biblioteca, el centro comunitario y el centro cultural.
Estos módulos están conectados y articulados entre sí por un contenedor
curvo donde se hallan la ludoteca, la administración y una sala de
exposiciones La circulación se establece acá como una sala urbana donde la
gente puede confluir. “Este proyecto está más cercano a un centro
comunitario que a una biblioteca formal”, comenta Mazzanti.
Por ello la biblioteca se proyecta como un elemento de renovación del sector
generando un espacio público recreativo y ambiental que no existe en ese
lado de la ciudad. No en vano se tuvieron en cuenta espacios públicos como
el gimnasio, el auditorio y el centro comunitario.
Una
apuesta atrevida
La apuesta
de la biblioteca Santo Domingo es totalmente distinta de la anterior.
Considerada como el comienzo de la recuperación del cerro de Santo Domingo,
la biblioteca está localizada en el filo de la montaña, convirtiéndose en un
mirador excepcional sobre la ciudad.
El
desarrollo de un camellón, que juega las veces de balcón sobre la ciudad,
articula los miradores construidos por la Empresa de Desarrollo Urbano y por
la estación de metrocable.
Esta vez el diseño acoge tres edificios a manera de “rocas” o volúmenes que
emergen de la tierra como nuevos referentes de la ciudad. “La idea aquí era
producir unos íconos, unos símbolos reconocibles a distancia.
En este caso, por el tipo de diseño, la biblioteca se encierra y mira hacia
adentro”, comenta Mazzanti. En este lugar de recogimiento la luz y el
silencio que se lograron son vitales. Conectados entre sí a través de una
plataforma, cada uno de los tres edificios tiene un uso muy definido:
biblioteca, espacio social y centro cultural.
Los materiales utilizados –laja de piedra negra, madera y vidrio de color–
coinciden con el diseño limpio y contemporáneo. Durante la noche los
edificios se iluminan como faros que pueden ser reconocidos en la distancia,
monumentos que logran desviar la mirada hacia la ladera.
Más información:
http://www.metrocuadrado.com/
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