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Un palacio para BMW, Munich

Refinamiento estructural y sofisticación formal se combinan en el nuevo centro de distribución de autos de la célebre marca alemana, que afirma así su poderío corporativo

Alzándose sobre un telón de toscos tinglados de fábricas y torres de oficina de 1970, el edificio de BMW Welt entrelaza los detritos de un paisaje industrial de posguerra.

   

Sus onduladas formas de acero, que sugieren las cualidades del mercurio líquido, constituyen el más cercano exponente de la arquitectura relacionada con la alquimia. Diseñado por Wolf Prix, de la firma de arquitectura Coop Himmelb(l)au, BMW Welt, o BMW World (Mundo BMW), el edificio forma parte de una sorprendente lista de proyectos arquitectónicos de alto perfil impulsados por las compañías de autos alemanas, incluyendo la fábrica BMW de Zaha Hadid en Leipzig y el Museo Mercedes-Benz de Stuttgart del estudio UN. Ya sea por la pasión por las buenas máquinas o por su interés en promover un aura de sofisticación tecnológica, las compañías automotrices están solventando edificios que combinan un asombroso nivel de refinamiento estructural con la sagacidad de la experimentación formal.

   

De los recientes edificios germanos, BMW Welt, que se inauguró en otoño, es al mismo tiempo la más elocuente autopromoción corporativa y la más regocijante propuesta arquitectónica. Su cavernoso hall principal está enmarcado por restaurantes, un café y una tienda de merchandising. A los clientes que llegan al salón central de exposición para elegir su auto nuevo se los invita con espumosos capuchinos y se los conduce a una pequeña cabina, donde pueden probar las principales características de manejo por medio de un simulador computarizado. Descienden después por una amplia escalera a un piso cubierto por autos BMW alineados. A medida que se acercan al final de la escalera se encienden luces que iluminan los vehículos desde abajo, y al mismo tiempo éstos comienzan a rotar sobre una plataforma giratoria.

   

Un hall de eventos en forma de reloj de arena sostiene el edificio en un extremo; su silueta retorcida de vidrio y acero evoca un tornado que surge desde dentro de la tierra, que sorbe su energía de los autos que pasan. Desde allí el techo se despliega como una alfombra gigantesca que cuelga sobre el hall principal. Sus formas curvas se ondulan hacia arriba en algunos sectores y se estira en otros, evocando los contornos del parque vecino. Una banda vertical de vidrios corta la fachada principal en eje con la torre corporativa enfrente de la calle, cerrando la composición con los alrededores.
Es una combinación de lenguaje formal y sutil sensación de que el contexto continúa en el interior, concebido como un vasto foro público, cuya pieza central es el automóvil. El señor Prix dice que el techo es lo suficientemente grande como para cubrir la Plaza de San Marcos en Venecia, y por momentos su bajo frente de acero animado con relámpagos de luz evoca las telas de los baldaquinos que dan sombra a los bazares de Medio Oriente. Para enfatizar el sentido de misterio, el hall principal está organizado en un ligero arco, para revelarse en forma gradual. Los negocios enmarcan el hall de ambos lados, mientras un espacioso pasillo entrecruza el espacio de arriba. Una rampa de auto en espiral dibuja un tirabuzón por el centro del hall, conectando el salón de exposición principal con la calle.

   

Lo que unifica tan variadas experiencias es el flujo de autos y gente. Los visitantes se esparcen desde la entrada por los dos pisos. Estas corrientes forman un intrincado dibujo que conecta al hombre y la máquina, adentro y afuera. Como resultado, la estructura está imbuida de un nivel de energía dinámica difícilmente imaginable por una generación anterior a los entusiastas de la era de las máquinas. Las superficies resplandecientes, del edificio y los autos, traen a la memoria la obsesión por las máquinas, desarrollada por los futuristas italianos. Uno de ellos, Filippo Tommaso Marinetti, declaró en un famoso manifiesto de 1999: "El motor de un auto rugiente es más hermoso que la Victoria de Samotracia ".

   

Pero la precisión con la cual Coop Himmelb(l)au tejió las distintas hebras está más cerca del espíritu de la era de Internet que de las líneas de montaje; las vigas de acero del edificio están unidas con la exactitud necesaria para armar la carrocería de un auto, y los paneles de acero inoxidable, que conforman la piel del edificio, están cortados con un nivel de cuidado y precisión difícil de encontrar en un proyecto de tales dimensiones.

Los arquitectos crearon un nuevo tipo de organismo social, uno que puede convertir el rústico reticulado de las ciudades antiguas en algo tan inhóspito como las cavernas de la vida prehistórica.

La duda es saber quién sostiene las llaves de este nuevo reino tecnológico.

Por Nicolai Ourossoff
The New York Times

LA NACIÓN y The New York Times

Traducción: Beatriz Baruzzi

 

Más información: http://www.lanacion.com.ar/

 

 


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Arquitectos Jorge Harris y Carolina Harris

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