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Dos parejas jóvenes construyen sus casas en Karrantza con madera y fardos de paja

 

Goiatz, Carlos, Miren e Iñigo son los impulsores de esta iniciativa sostenible. Las viviendas, de planta circular, tienen una superficie de ciento veinte metros cuadrados distribuidos en dos alturas. El factor económico les empujó a buscar una solución a su máximo anhelo: vivir en y de la naturaleza. Con materiales totalmente ecológicos han construido sus hogares. "Imagínate un paraguas abierto", dicen...

Javier Fernández

 

   

 

Bilbao. No se conocían entre ellos, pero todos buscaban un mismo sueño. Como tantos otros jóvenes con edades entre los 30 y los 35 años. Querían tranquilidad y la encontraron. En sus cabezas rumiaban la idea de tener una casa cuyas paredes no coleccionaran miradas ahogadas a fin de mes por el señor Euribor y la señora Hipoteca y lo han conseguido. Soñaban con construir su hogar y están en ello. Carlos, Goiatz, Miren e Iñigo, levantan, con sus propias manos, sus sueños en forma de viviendas con madera, fardos de paja y mucha ilusión.

Hace tres años compraron unos terrenos en el núcleo de Cezura, en Karrantza, y los primeros curiosos no tardaron en acercarse para conocer a sus nuevos vecinos y preguntar. Sobre todo, preguntar. ¿Cómo es posible que en el siglo XXI se construyan casas de paja y de madera? La bioconstrucción es una práctica habitual en los países nórdicos y hace ya algunos años que llegó a la Península. Sin embargo, los ejemplos de este tipo de construcción respetuosa con el medio ambiente son escasos, con alguno localizado en tierras navarras.

El proyecto para la edificación de sus ansiados hogares fue autorizado en diciembre de 2005 y dirigido por el prestigioso arquitecto César Sans Gironella, responsable de los trabajos de ampliación de la Universidad de Deusto, entre otros muchos. "Es una caña de arquitecto", resume entusiasmada Goiatz Arizkorreta. "Confió en nosotros y nos ha ayudado mucho", añade.

Ahora, tres años después, estos cuatro jóvenes (naturales de Bilbao, Amurrio y Pasaia y con estudios universitarios) han levantado el esqueleto de sus futuros hogares. Excavaron, rellenaron con grava y cimentaron la estructura de sus viviendas con mortero de cal en vez de cemento. Las vigas que sustentan el tejado y dividen las plantas (cada una de 60 m2) son de madera extraída de un monte cercano después de una entresaca. Los fardos de paja, bien prensados y con el tratamiento químico adecuado, son un aislante perfecto.

"Se trata de ponerle ilusión y de decidir el tipo de casa que quieres", apuntaba Miren Egia, bilbaina, profesora de yoga y otra de las valientes que, junto a su pareja Iñigo Sáez, decidió apostar por esta alternativa ecológica y económica. "Más de seis kilos [36.000 euros] no nos vamos a gastar" en la construcción, apoyaba su vecina Goiatz. La adquisición de los terrenos les costó alrededor de los 80.000 euros, poco más de trece millones de las antiguas pesetas. "Nuestra forma de ser no es la convencional, de ir a currar a una fábrica. Nuestra idea es vivir con lo que podemos hacer. Sabemos que no necesitamos mucho dinero para vivir", telegrafía Goiatz. Realizan trabajos esporádicos (incluso se han desplazado para ello a Dinamarca) con la intención de que el futuro no condicione su presente. Cada día lo viven como uno nuevo. Ése es el pensamiento positivo que defiende la pasaitarra.

Construcciones respetuosas con el entorno

Por un modelo de autogestión

Iñigo Sáez habla de autoconstrucción y de autogestión. Lo proyectan, lo construyen y lo gestionan ellos mismos. De hecho, estos cuatro nuevos vecinos de Karran-tza prevén realizar actividades variadas en el interior de sus coquetas viviendas. Por ejemplo, su pareja, Miren Egia, quiere que la planta superior de su vivienda sea un espacio abierto en el que impartir talleres de yoga. Otra de las ideas que barajan es "construir un horno majo" y organizar unas jornadas dedicadas a la elaboración artesana del pan para obtener "algo de dinero". Además, y teniendo en cuenta que todos ellos disponen de una considerable extensión de terreno cultivable, barajan la posibilidad de organizarse junto a otros residentes en la zona para poder vender sus productos agrícolas de temporada. De hecho, ya conocen a personas en Cantabria que llevan este mismo modo de vida tan poco habitual. "Tienen un compromiso semanal con diversas personas para comprar sus cestas o animales", apunta la pasaitarra Goiatz Arizkorreta. "Por ahí lo enfoco". De momento, prefieren ocupar su tiempo en acabar de construir sus casas, que podrían estar finalizadas en pocos meses. >J.F.

Las claves

La experiencia europea

Bioconstrucción y autoconstrucción

La bioconstrucción y la autoconstrucción son dos términos ampliamente conocidos en Europa; principalmente en los países nórdicos. El uso de materiales ecológicos y la ausencia de terceras personas son sus principales señas de identidad. De este modo es posible abaratar los costes de los productos. "La mayor cantidad se la lleva la excavación y la grava. El resto de materiales son baratos", explican los cuatro jóvenes.

Ejemplos en Austria y Francia

Un polideportivo de cuatro pisos

Buena muestra del arraigo social de estos modelos constructivos en Europa puede ser el polideportivo de cuatro pisos construido en Austria con materiales ecológicos. En Francia, aún se mantiene en perfecto estado de conservación una casa levantada con este tipo de materiales hace más de un siglo.

Vacíos legales

Los laboratorios alemanes

El uso de la paja como material de construcción no estaba aprobado cuando estos cuatro jóvenes apostaron por la bioconstrucción. Sin embargo, diversos estudios realizados en laboratorios alemanes especializados han homologado el material. "No hay razones para no aceptarlo", indica seguro Goiatz Arizkorreta.

Licencias administrativas

Un trámite obligado

La construcción de este tipo de viviendas obliga a cumplimentar los mismos requisitos que si se tratara de una edificación de ladrillo y cemento, tal y como explicaron desde el Ayuntamiento de Karrantza. ¿La diferencia? "Aquí cerca están construyendo unas casas y las excavadoras llevan un mes. Aquí estuvo dos días", subrayan los nuevos vecinos de Karrantza.

La acogida

Un proyecto interesante

La plataforma Karrantza Naturala, trabajadora incansable desde su creación en la defensa del patrimonio medioambiental de la zona, considera que esta iniciativa es una muestra de que "las construcciones pueden ser mucho más equilibradas y respetuosas con el medio ambiente", indicaba Rafa Arriola, integrante de este colectivo social.

Huella ecológica

Saber envejecer

La conciencia ecológica entre los ciudadanos ha aumentado en los últimos años. Sin embargo, el rastro de las acciones humanas y de sus edificaciones es ya una realidad con la que las futuras generaciones tendrán que convivir. Las 'casas de paja' son una solución real a este problema.

 

Más información: http://www.deia.com/

 

 

 

 


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Arquitectos Jorge Harris y Carolina Harris

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