Charles Jenks y el nuevo paradigma en arquitectura
Publicado en el Boletín Informativo Nro. 49 de Revista Ambiente.
Nikos
Salingaros
Traducción: Arq.
Sebastian D'Andrea, de Buenos Aires.
Cuando Charles Jenks proclama a la arquitectura de Peter Eisenman, Frank
Gehry, y Daniel Libeskind como “El Nuevo Paradigma en Arquitectura”,
sólo busca promocionar a esta elite de famosos. Supuestamente sus obras
están basadas en las leyes de las Nuevas Ciencias, como la complejidad,
los fractales, los procesos emergentes, la auto-organización y la
similaridad. Salingaros desaprueba esta afirmación y demuestra que Jenks
se basa en malos entendidos elementales. Hay un Nuevo Paradigma en
arquitectura, y está indudablemente basado en las Nuevas Ciencias, pero
no incluye al deconstructivismo, sino a la arquitectura innovadora y
humana de Christopher Alexander, la arquitectura tradicionalmente humana
de Léon Krier y más, mucho más.
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CHARLES JENCKS |
En un reciente artículo, Charles Jencks, el conocido crítico de
arquitectura, proclamó “El Nuevo Paradigma en Arquitectura”. Esto se dio
a conocer en un discurso presentado al Real Instituto Británico de
Arquitectos, en Londres, el 11 de junio de 2002. Según Jencks, el nuevo
paradigma consiste en edificios deconstructivistas, tipificado por el
museo Guggenheim para las artes modernas en Bilbao, España, de Frank
Gehry e incluye otros trabajos y proyectos de Peter Eisenman, Daniel
Libeskind y Zaha Hadid. Jencks acaba de corregir su popular libro “El
lenguaje de la arquitectura postmoderna” y ambiciosamente le ha cambiado
el nombre para reflejar la nota publicada.
Jencks basa su propuesta del nuevo paradigma en lo que él cree
que son fundamentos teóricos para los edificios que él premia. Dice que
estos edificios surgen y pueden ser entendidos a partir de las
aplicaciones de la nueva ciencia; concretamente, la teoría de la
complejidad, sistemas auto-organizables, fractales, dinámicas
no-lineales, surgimiento y similaridad. En mi propio trabajo he
utilizado resultados de la ciencia y las matemáticas para demostrar que
la arquitectura vernácula y clásica satisfacen las reglas estructurales
que coinciden con la nueva ciencia. La arquitectura de Christopher
Alexander se apoya precisamente sobre la misma nueva ciencia, y
crucialmente, Alexander es también un científico.
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Jencks se hizo famoso gracias a la observación de que el modernismo
había concluido, publicada en la primera edición de “El lenguaje de
la arquitectura posmoderna”. Basando su anuncio en la demolición (por
parte de agencias gubernamentales) del premiado conjunto de viviendas
Pruitt-Igoe en Saint Louis, Missouri, del arquitecto Minoru Yamasaki, en
1972. Si tuviésemos en cuenta la cantidad enorme de edificios modernos
construidos desde entonces, podríamos decir que la determinante
aseveración hecha por Jencks no se ha cumplido. Por otro lado, Michael
Mehaffy y yo, hemos hecho una predicción de alguna manera tardía del fin
de la modernidad derivada de la demolición de otro edificio de Yamasaki
en 2001 (por terroristas de Al-Qaeda): las torres gemelas de Nueva York,
el World Trade Center.
Considerando su fallido (o al menos, prematuro) anuncio acerca
del fin de la modernidad, nuestro gran escepticismo ante este nuevo de
Jencks está plenamente justificado. Él argumenta acerca de un nuevo
paradigma con las características opuestas a las de una estructura
viviente. Eso no es lo que uno espera acerca de la nueva ciencia, la
cual ayuda a explicar las formas biológicas. Intentar tener una
perspectiva de esta contradicción lo lleva a uno ante un extraño brebaje
de confusos conceptos y declaraciones. Demostraré que Jencks no provee
una base teorética que sostenga su anuncio de un nuevo paradigma. Una
arquitectura que provenga de la nueva ciencia representa la antítesis de
los edificios deconstructivistas elogiados por Jencks. Claramente, no
podemos tener estilos totalmente opuestos o contradictorios surgiendo de
la misma base teórica.
Antecedentes científicos de las partes
Antes de entrar de lleno en el asunto, necesito revisar los
antecedentes científicos de las partes involucradas. ¿Hay algún experto
científico que pueda validar los argumentos de Jencks? Jencks admite no
ser un científico, pero considerando el porte de su proclama y que
eventualmente podría determinar cómo se ve el mundo, seguramente ha de
necesitar apoyo profesional. Por otro lado, tenemos a Christopher
Alexander, quien estudió matemática y física en Cambridge. Alexander
participó en las primeras conferencias sobre sistemas complejos junto
con el autor de esta idea, Herbert Simon. El Instituto Americano de
Arquitectos lo galardonó con la medalla de oro en 1972 por su trabajo en
matemáticas en “Notas sobre la síntesis de la forma”.
Alexander ha utilizado consistentemente métodos científicos en
arquitectura y en su último trabajo, en el cual resume treinta años de
esfuerzo y que se llama “La naturaleza del orden”, directamente se
aparta de su entrenamiento científico. Muchos arquitectos no saben que
Alexander es considerado un visionario teórico en las ciencias de la
computación de hoy en día por los conceptos originalmente desarrollados
en “Un lenguaje de patrones”. Uno de los más grandes científicos en
computación del mundo, Richard Gabriel, dice que del próximo libro a
publicarse de Alexander, “La naturaleza del orden”, el volumen 2 sólo
podría cambiar todo el campo de las ciencias de la computación. Esto es
así porque, más que aplicar la teoría de la complejidad solamente en la
arquitectura, Alexander ha desarrollado resultados fundamentales dentro
de la teoría de la complejidad misma.
Como científico interesado en la arquitectura, no juego un rol
cualquiera en esto. Conozco el trabajo de Alexander íntimamente, a quien
he ayudado en la edición de “La naturaleza del orden” durante los
últimos veinte años. Su perspectiva ha inspirado e influenciado mi
propia investigación sobre la arquitectura. En los momentos en los que
necesité de colaboradores para notas de arquitectura o urbanismo, me
incliné más frecuentemente a elegir como coautores a científicos o
matemáticos, muchos de ellos verdaderas eminencias. El trabajo de
Alexander es una parte importante e integral de la nueva ciencia.
Nuestras contribuciones a la arquitectura son una extensión de la
ciencia dentro del campo arquitectónico, más allá de las meras analogías
científicas. Los deconstructivistas son todos externos a la ciencia y, a
pesar de lo que digan, no se acercan en absoluto a establecer un vínculo
con la nueva ciencia.
En su lugar, los arquitectos deconstructivistas se apoyan en los
filósofos deconstructivistas franceses. Aquí tenemos dos problemas
monumentales: (i) la deconstrucción es ferozmente anti-ciencia, dado que
su intención declarada es la de reemplazar y finalmente eliminar el
pensamiento científico; y (ii) la lógica espuria de los filósofos
deconstructivistas franceses fue expuesta con devastadores efectos por
dos físicos, Alan Sokal y Jean Bricmont: “Demostramos que famosos
intelectuales como Lacan, Kristeva, Irigaray, Baudrillard y Deleuze han
abusado repetidamente de términos y conceptos científicos: bien usando
ideas científicas totalmente fuera de contexto sin dar la más mínima
justificación,o bien utilizando una jerga científica ante sus lectores
no-científicos sin tener cuidado de su relevancia o aún de su
significado”.
¿Cómo podemos aceptar entonces argumentos acerca de un nuevo
paradigma en arquitectura basado en la ciencia si es que están
esgrimidos por charlatanes que se auto proclaman anti-ciencia? Una
investigación crítica acerca de la influencia penetrante y destructiva
del pensamiento anti-científico en la cultura contemporánea se está
llevando a cabo en lo que se conoce como “La guerra de las ciencias”.
Copia superficial vs. Procesos
fundamentales (2)
Parece haber una confusión básica en el discurso arquitectónico
contemporáneo
entre
procesos y apariencias finales. Los científicos estudian cómo las formas
complejas surgen de procesos que son guiados por el crecimiento fractal,
el surgimiento, la adaptación y la auto-organización. Todo esto actúa
por un motivo. Jencks y los arquitectos deconstructivistas, por otro
lado, ven sólo el resultado final de esos procesos e imponen esas
imágenes a los edificios [11]. Pero esto es frívolo y sin razón. Podrían
igualmente tomar imágenes de otra disciplina, puesto que esta aplicación
superficial no tiene nada que ver con la ciencia.
Para mayor confusión, Jencks insiste en hablar de la cosmogénesis
como de un proceso en continuo despliegue, un proceso emergente que va
alcanzando siempre nuevos niveles de auto-organización. Esta es una
descripción absolutamente correcta acerca de cómo surgen las formas en
el universo y es precisamente lo que alcanzó a comprender Christopher
Alexander a lo largo de su vida [4]. Cualquier atisbo de entendimiento
por parte de Jencks de estos procesos se ve enturbiado cuando presenta
el trabajo de Eisenman y Libeskind como ejemplos de la aplicación de
estas ideas de emergencia en los edificios. Ninguno de estos edificios
surge como resultado del despliegue, sino que representan en su lugar la
excepción, formas tan desagregadas que ningún proceso generativo pudo
nunca haberles dado origen.
Parece ser que los edificios deconstructivistas que tanto le
gustan a Jencks son productos intencionales de la interrupción de los
procesos de continuo despliegue. Habitan los límites externos del diseño
del espacio arquitectónico, el cual no puede ser alcanzado a través de
la evolución natural. Tenemos aquí un ejemplo interesante de
manipulación genética. Al igual que en los casos análogos donde el
desarrollo embrionario es saboteado, bien por medio del daño del ADN o
bien por medio de químicos teratogénicos en el entorno, el resultado es
una casualidad azarosa muchas veces disfuncional. ¿Deberíamos considerar
a esos edificios como rarezas, monstruos y mutantes del universo
arquitectónico? ¿No ha quedado fascinada la gente con los monstruos y
con lo inhumano como parte de un entretenimiento efímero a lo largo de
la historia conocida?
La clave aquí es la adaptación. He observado cómo es que actúan
los procesos darwinianos en los distintos niveles de la arquitectura
[3]. Un proceso de diseño que genera algo como un edificio
deconstructivista debe tener un criterio selectivo muy especial. Nadie
ha explicado ese criterio todavía. Lo que es obvio, de todos modos, es
que no se adaptan a las necesidades humanas y que en su lugar están
gobernados por inquietudes estrictamente formales. Algunos factores
responsables del alto grado de desorganizada complejidad en esos
edificios son: (i) una intencionada ruptura con la arquitectura
tradicional de toda clase; (ii) una expresión de desequilibrio y de azar
geométrico; y (iii) argumentos irónicos o “bromas”. Al intentar evitar
esa región del diseño del espacio habitado por las soluciones
tradicionales, las cuales son flexibles, uno se ve empujado hacia formas
novedosas pero poco adaptables.
Fractales y formas rotas
Al emplear términos científicos de una manera tan liviana, Jencks
menoscaba su credibilidad científica. Como ejemplo, él habla de
“veintiséis formas florales similares” usadas por Gehry en el Museo de
Bilbao [1]. Según mi opinión, no hay formas similares utilizadas en ese
edificio. Se supone que se asemejan a flores, pero no lo hacen, puesto
que las flores se adaptan a funciones específicas al desarrollar color,
textura y forma, todo dentro de una coherencia total que está ausente
aquí. Hay una diferencia tremenda entre una apreciación meramente visual
de los fractales y una apreciación funcional [11]. El Guggenheim es
metálico y desarticulado, nada más lejano a una flor. Jencks se refiere
a estas formas no-similares como “fractales fluidos”. No tengo idea de
lo que este término significa, puesto que no es usado en matemáticas. Un
tercer término que él utiliza para las mismas figuras es el de “curvas
fractales”. Nuevamente, esas curvas perfectamente suaves no son
fractales.
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Me sentí confundido al leer un capítulo entero del libro de Jencks
[2] titulado “Arquitectura fractal” en el cual no hay ni un solo
fractal (siendo las únicas posibles excepciones los azulejos
decorativos). Sólo puedo concluir que Jencks está empleando mal la
palabra “fractal” para significar “roto” o “dentado”, aunque se refiere
al trabajo de Benoît Mandelbrot, aparentemente ha errado la idea central
de los fractales, la cual trata de una periodicidad que genera una
jerarquía anidada de conexiones internas. Una línea fractal es una
estructura de un grano extremadamente fino. No es algo que simplemente
zigzaguea; está interrumpido en todas las escalas (o sea, en cada
magnificación) y en ningún lado es suave. Jencks mismo admite que: “La
intención no es tanto crear fractales en sí, sino responder a estas
fuerzas y darles expresión dinámica” [2]. ¿Qué quiere decir esto? Él se
refiere a un edificio que tiene un patrón superficial basado en los
bloques de Penrose y los llama “fractales exuberantes” [2]. Sin embargo,
el patrón a-periódico de Penrose existe precisamente en una sola escala
y es debido a esto que no es fractal.
Jencks trata con admiración los proyectos irrealizados de Peter
Eisenman, los cuales estarían, según ellos, basados en fractales.
Pero luego, Jencks agrega reveladoramente: “Parece ser que Eisenman toma
sus préstamos de la ciencia seriamente sólo a medias” [1]. La ciencia,
de cualquier modo, no puede ser tomada seriamente a medias; sólo se
puede suponer que estamos tratando con un entendimiento superficial de
conceptos científicos que habilita a cualquiera a tratar verdades
fundamentales tan livianamente. Jencks cita al edificio de Eisenman para
la Universidad de Cincinnati como ejemplo de lo que él propone como el
nuevo paradigma en arquitectura. A pesar de todo, desde la perspectiva
de un matemático, no hay una estructura evidente que demuestre los
conceptos esenciales de la similaridad, auto-organización, estructura
fractal o surgimiento. Sólo encuentro un desorden intencionado
Surgimiento vs. Reconstrucción
(3)
Tal como es admitido por sus practicantes,
la de(con)strucción apunta a deshacer la forma, degradar conexiones,
simetrías y coherencias. Esto es exactamente lo opuesto de la
auto-organización en los sistemas complejos, un proceso que construye
las redes internas a través de la conectividad. Una energía adicional de
enlace es necesaria para mantener a los componentes juntos. La
morfogénesis natural une la materia estableciendo múltiples conexiones a
diferentes escalas e incrementando la coherencia global de todo el
sistema; por el contrario, la deconstrucción deshace todo esto,
simulando la decadencia y la desintegración de la forma. Por esta razón,
los edificios deconstructivistas recuerdan a los severos daños
estructurales como la dislocación, los desgarros internos y a la
desintegración sufridos luego de un huracán, un terremoto, una explosión
interna o (en un aterrador juego con el destino) una guerra nuclear.
Los sistemas complejos son irreducibles, en el sentido que
representan mucho más que la suma de sus partes. La red de conexiones
que mantiene unidos a sus componentes establece la crucial estructura
organizacional que hace que el sistema funcione. Un sistema complejo no
puede ser entendido observando a cada componente por separado, y la
separación en componentes lo destruye. La palabra “surgimiento” es
utilizada para denotar esta propiedad. Cuando los componentes se unen
para formar un sistema complejo, surgen propiedades que no pueden ser
explicadas salvo al hacer referencia al funcionamiento del todo. Es en
realidad la conectividad la que dirige al sistema: con el objeto de
crear un todo, las conexiones crecen y se proliferan, utilizando a los
componentes y aferrando nodos que forman una red coherente.
La arquitectura y el urbanismo son ejemplos primarios de campos con
fenómenos emergentes. Las ciudades y los edificios con vida tienen
esta propiedad de increíble interconexión, que no puede ser reducida a
los componentes del edificio o del diseño [3]. Cada componente, desde
los grandes elementos estructurales, hasta el más pequeño ornamento, se
une en una coherencia global que crea un todo mucho más vasto. Los
edificios deconstructivistas, sin embargo, muestran la característica
opuesta, donde cada componente degrada al todo en lugar de
intensificarlo. Esto es fácil de ver. ¿Intensifica una pieza estructural
a las que están alrededor? ¿Disminuye la coherencia total si se la quita
de su lugar? La respuesta es sí en una gran catedral, pero no en un
edificio deconstructivista. Creo que todos estarán de acuerdo conmigo
con que cada porción de los edificios deconstructivistas que hoy en día
están de moda, menoscaba y entra en conflicto con todas las demás
porciones, lo cual es lo opuesto del surgimiento.
El verdadero nuevo paradigma
Stephen Grabow publicó en 1983 un libro titulado “Christopher Alexander:
La Búsqueda de un Nuevo Paradigma en Arquitectura” [12]. Este anterior
nuevo paradigma se refería a la arquitectura de Alexander y sus colegas,
desarrollada a partir del método de diseño del Lenguaje de Patrones que
fue presentado por primera vez en 1977 [7]. Este movimiento
arquitectónico buscaba aplicar métodos científicos al problema de la
forma arquitectónica, creyendo que la arquitectura más humana es aquella
que antes que nada se adapta a las necesidades del hombre.
Esto incluye estilos que son visual y estructuralmente opuestos a
los que Jencks propuso veinte años más tarde. Jencks nunca menciona
esto, a pesar que conoce el trabajo de Alexander.
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Antes de proclamar un nuevo paradigma en arquitectura, es
necesario demostrar que se está ofreciendo un discurso arquitectónico
drásticamente renovado. Me parece que aquí, Stephen Grabow hizo un
excelente trabajo al explicar cómo la obra de Christopher Alexander
unifica todo lo que en la arquitectura —lo nuevo y lo tradicional —
posee cualidades humanas en común [3]. “Lo que distingue su trabajo del
de sus predecesores arquitectónicos es el sistema lingüístico y
matemático sin precedentes que ha construido alrededor de las viejas
ideas que diferencian el espacio con el objeto de crear un nuevo tipo de
edificio” [12]. Mi propia investigación nos permite apreciar la
arquitectura tradicional, no por sus ventajas históricas o estéticas
meramente, sino como resultado de su complejidad matemática [3]. Las
tradiciones constructivas de todo el mundo y de todos los períodos pre-modernos
de la historia, comparten una estructura matemática común y esencial.
Un cambio paradigmático ocurre en la ciencia cuando una descripción
de la naturaleza o una explicación de un fenómeno particular
acarrean una revisión drástica. Más que un simple reemplazo de teorías,
un cambio paradigmático implica una manera totalmente nueva de ver el
mundo [13]. Estamos comenzando a comprender que la coherencia
estructural es una cooperación entre diferentes componentes formales de
un edificio y entre edificios de una misma ciudad. La ciudad es un
fenómeno emergente, conecta fuerzas y redes en cada diferente escala. Un
edificio es en sí mismo un resultado coherente de elementos cooperando
en muchas diferentes escalas, desde una dimensión global hasta los
ornamentos y detalles en los materiales [3]. El verdadero nuevo
paradigma en arquitectura está contenido en el método para comprender y
generar complejidad desarrollado por Alexander [4].
Un motivo por el cual este nuevo paradigma no fue adoptado es
porque produce edificios emocionalmente confortables. Los arquitectos
tradicionales como Léon Krier y otros han estado usando métodos
atemporales para organizar la complejidad y atribuyen sus resultados al
conocimiento heredado del pasado.
Es sólo recientemente que hemos logrado unificar dos tradiciones
dispares: (i) ramas de varias arquitecturas que evolucionaron a lo
largo de milenios y (ii) reglas teóricas para una arquitectura derivadas
de un entendimiento de la naturaleza mucho más avanzado [3]. El nuevo
paradigma es un entendimiento revolucionario de la forma, siendo que las
formas mismas tienden a verse familiares precisamente porque se adaptan
a las sensibilidades humanas. Muchos arquitectos, por otro lado,
erróneamente esperaban que el nuevo paradigma generara formas extrañas e
inesperadas, por lo que fueron engañados por los deconstructivistas.
Irónicamente, la primera edición del altamente influyente libro de
Jencks, “El lenguaje de la arquitectura posmoderna”, coincidió con
la publicación de “Un lenguaje de patrones” [7]. Las ideas subyacentes
en los dos nuevos paradigmas en competencia llevan 25 años de historia.
Las nociones confusas e incoherentes de los posmodernistas fracasaron al
intentar desplazar las sensibilidades humanas arquitectónicas y urbanas
a lo largo de un cuarto de siglo, y de la misma manera, fallaron al
intentar derribar a un modernismo fuertemente afirmado. Ahora, los
tiempos han madurado finalmente para que un importante desarrollo
arquitectónico tenga lugar. Puesto que creo que el modernismo finalizó
en 2001 [5] (y no en 1972, como sostiene Jencks [2]), estamos ahora
viendo cómo el nuevo paradigma toma su lugar en nuestra civilización.
Postmodernismo y reconstrucción
(4)
Los edificios modernos, posmodernos y deconstructivistas se distinguen
por su bajo grado de complejidad organizada
[3]. Los edificios que Jencks prefiere tienen todos un alto grado de
complejidad desorganizada. Se llega a esta cualidad a través de métodos
de diseño mencionados previamente. Se puede también incluir el uso de
materiales high-tech para un cierto efecto, el cual es cuidadosamente
manipulado para lograr un impacto psicológico negativo en el usuario.
Esta última característica está muy bien expresada por Jencks mismo
cuando describe un edificio paradigmático: “Se trata de un frenesí
amenazante destinado, como en algunas de las obras de Eisenman, a
desestabilizar al observador...” [2]. No creo que nadie vaya a
considerar que la complejidad desorganizada como tema común, es base
suficiente para anunciar un nuevo paradigma.
Jencks quisiera hacernos creer que el viejo paradigma arquitectónico
(el modernismo) ha sido — o está siendo — desplazado por un nuevo
paradigma definido por los ejemplos de los edificios con los que ilustra
su libro [2]. Esta primera presunción ya es problemática, puesto que
mucha gente alrededor del mundo nunca aceptó al modernismo como
paradigma arquitectónico. Yendo a lo dicho por Jencks, si se considera
la cantidad de estilos de los que se supone que consiste el
postmodernismo, es muy difícil ver alguna idea arquitectónica
unificadora en ese contradictorio conjunto de trabajos. Más aún, el
modernismo (dejando de lado su fundamental incapacidad para acomodar las
actividades humanas) fue un estilo intelectualmente mucho más compacto
que el postmodernismo o la deconstrucción. El shock se encuentra
definitivamente en los estilos más nuevos (intencionadamente), ¿pero qué
pasa con una concepción renovada de las estructuras?.
Jencks busca un tópico unificador con el objeto de poder declarar un
nuevo paradigma arquitectónico, el cual incluiría de algún modo a
todos los edificios que siempre ha defendido desde la primera edición de
su libro [2]. Eso envolvería prolijamente y ayudaría a salvar la idea de
que la arquitectura postmoderna es una entidad definida, algo que se ha
derrumbado (o, de acuerdo a algunos, siempre ha sido un mito). Al decir
que los edificios con los que ilustra su libro están relacionados con la
nueva ciencia — lo que queda demostrado que no es cierto — lo que está
haciendo en realidad es enlazar una moda con otra. Lo que es conocido
como “la nueva ciencia” es simplemente una colección de resultados
científicos que casualmente han sido conocidos por el público sólo
recientemente a través de la prensa y los medios científicos populares
Ciencia, tecnología y materiales
Jencks y los arquitectos deconstructivistas aman ciertos edificios.
Ellos provocan un estremecimiento a partir de sus creaciones y eso no
puedo negarlo. De cualquier modo, sí sospecho de una confusión básica
entre ciencia y tecnología. El uso de avanzadas herramientas
informáticas de modelización para el diseño y la producción lleva a
algunos a una satisfacción intelectual y Jencks señala este factor como
uno de los puntos notorios del nuevo paradigma que promulga. También hay
una especie de fetichismo hacia los materiales high-tech. Los
no-científicos notoriamente confunden a la ciencia con sus aplicaciones
específicas. Esto es peligroso porque, mientras que la ciencia nos da
una comprensión del mundo físico, la tecnología es meramente una
herramienta que puede ser aplicada tanto para crear como para destruir
[5].
Stephen Grabow resumió correctamente este error conceptual: “La imagen
popular de la arquitectura del futuro— las fantasías espaciales de
Hollywood, las tiras cómicas y la ciencia ficción — es básicamente
incorrecta, un maltrato a la ciencia. Una teoría verdaderamente
científica (opuesta a una tecnológica) de la arquitectura estaría mucho
más involucrada con la apertura del proceso creativo que produce los
edificios en lugar de ocuparse de la aplicación de las tecnologías
científicas sobre los edificios ya producidos” [12]. Jencks sugiere que
deberíamos emocionarnos porque el programa de computación que se utiliza
para diseñar los aviones de caza franceses es el mismo que se aplicó
para modelar el Guggenheim de Bilbao.
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También se espera que valoremos las burbujas (las cuales imitan
los ectoplasmas de los espiritualistas del siglo XIX) como formas
arquitectónicas relevantes simplemente porque son generadas por
computadora.
Esta fascinación con la tecnología es heredada de los arquitectos
modernos, quienes la mal interpretaron terriblemente. Cuando la
tecnología es suficientemente poderosa, se puede llegar a pensar
equivocadamente que la ciencia subyacente puede ser totalmente ignorada.
Las personas más informadas saben que se puede modelar cualquier figura
en una computadora; no es muy distinto que bocetar con lápiz y papel.
Sólo porque algo es creado en una computadora no lo valida, sin importar
la complejidad del programa que se usa para producirlo. Nos tenemos que
preguntar: ¿cuáles son los procesos generativos que producen esta forma,
son relevantes para la arquitectura?
Estamos ahora ante el umbral de una revolución del diseño, en la
que las reglas generativas pueden ser programadas para evolucionar
electrónicamente y luego cortar los materiales directamente. Existe un
potencial extraordinario para el diseño computarizado y para la
producción de edificios. Los arquitectos como Frank Gehry hacen eso con
el software disponible, pero por ahora, ningún arquitecto de los que
están de moda sabe acerca de las reglas fundamentales que dan origen a
una estructura viviente. Algunos de nosotros, siguiendo la guía de
Alexander, estamos descubriendo esas reglas y finalmente esperamos poder
programarlas. Otros, trabajando dentro de la arquitectura tradicional,
siempre han conocido estas reglas; ahora están listos para
generalizarlas más allá de cualquier estilo específico.
Cuando las reglas científicas de la arquitectura sean universalmente
adoptadas, los productos sorprenderán a todos por su innovación
combinada con un intenso nivel de vida no vista en los últimos cien
años.
En lo que respecta a los materiales, no hay nada de malo con el
high-tech cuando es usado dentro de un contexto que crea una
arquitectura que conecte con las sensibilidades humanas. En general, los
materiales mismos afectan la naturaleza de las reglas generativas,
puesto que las propiedades superficiales definen la escala más pequeña
de la jerarquía estructural de un edificio. La naturaleza de los
materiales ofrece, a través de sus diferentes características y
propiedades, un rango de distintas posibilidades generativas dentro de
la totalidad del proceso arquitectónico. La arquitectura del futuro
empleará todos los materiales disponibles en su lugar apropiado. Al usar
exclusivamente materiales high-tech, se define una arquitectura que
constriñe la variedad de reglas generativas, algo que no es generalmente
entendido hoy en día.
Promoviendo agendas
arquitectónicas (5)
Mucho de lo que sostengo ya ha sido dicho por los críticos de la
deconstrucción.
Y aún así, al igual que algunos monstruos míticos, los edificios
deconstructivistas se esparcen por todo el mundo. Sus clientes son
poderosos individuos, corporaciones, fundaciones y gobiernos que quieren
absolutamente uno de estos edificios como símbolo de status. La
publicidad alrededor de la deconstrucción refuerza una imagen
comercialmente atractiva. Admito que los confusos intentos de
justificación teórica — que emplean azarosamente términos y conceptos
científicos — han tenido éxito al validar este estilo a ojos del
público. Al parecer, hay algo que claramente está trabajando para
publicitar la deconstrucción y los esfuerzos de Jencks están dirigidos
en esa dirección.
Se supone que un cambio paradigmático debe alcanzar la unificación,
no la separación a la que apunta Jencks. Al dividir inicialmente a la
arquitectura en modernismo y postmodernismo, todo lo demás resulta ser
irrelevante. Cuando los deconstructivistas eventualmente reaccionen
dentro de esta falsa dualidad, regresarán al modernismo de la Bauhaus.
¿Qué pasa con la vasta mayoría de los edificios del mundo? ¿Explica el
paradigma arquitectónico propuesto por Jencks cómo encaja la
arquitectura tradicional dentro del gran esquema? No, en realidad, él
acentúa la polarización al proclamar una fundamental discontinuidad en
la sociedad misma, lo cual encaja convenientemente con su elección
arquitectónica: “Si realmente hubiese un nuevo paradigma o algún cambio
en la forma de pensar en cualquier campo como la arquitectura, entonces
obviamente provendría de un cambio cultural más amplio, un cambio de
visión en la religión, probablemente en la política y ciertamente en la
ciencia” [2].
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Me molesta particularmente este intento de utilizar la religión
con el objeto de promover un discurso arquitectónico. Jencks dice que
“Por un lado, hay un deterioro de las formaciones culturales previas. El
cristianismo y el modernismo, las dos cosmovisiones vigentes... sólo
persisten” [2]. “El post-cristianismo y el tardo-modernismo tal vez
subsistan por otros cien años...” [1]. No quiero hacer comentarios sobre
estas declaraciones, pero quisiera conocer la reacción de billones de
personas religiosamente devotas — cristianos y otros de alrededor del
mundo — que no sólo son arrumbados bruscamente, sino que para peor, son
puestos en la misma categoría que los arquitectos modernos anti-religiosos.
Jencks mantiene una posición filosófica elegante, la cual explica
la descompuesta y fragmentada arquitectura al decir que es la sociedad
la que se descompone y se fragmenta. Esto es tan pesimista como hueco y
es lo opuesto de lo que describe la nueva ciencia. La escuela filosófica
flamenca contemporánea desbanca semejantes sentimientos nihilistas:
“Nuestra opinión es que no se puede sobrepasar al modernismo negando
simplemente sus ideales, como cierta interpretación del postmodernismo
quiere hacernos creer. El resultado sería una evolución hacia un mundo
completamente fragmentado, sin ningún propósito ni sentido de dirección.
Por el contrario, creemos que el ideal de una humanidad libre y racional
no está muerto, pero aún no se ha realizado” [14].
Al elegir al deconstructivismo e ignorar al resto, Jencks
casualmente aparta su preferencia estilística de la herencia
arquitectónica de cuatro mil años con la que cuenta la humanidad. Al
seleccionar unos pocos edificios de moda como modelos a seguir, otros
estilos quedan signados a formar parte del montón de basura de la
historia. La extrema estrechez de la reciente propuesta de Jencks sirve
para imponer sus prejuicios formales sobre los demás. Jencks hace una
increíble predicción para el deconstructivismo: “¿Producirá un ambiente
más jovial, sensual y articulado que antes? Ya lo creo” [2]. Luego del
precedente análisis acerca de cómo las formas deconstructivistas se
apoyan en el azar y en la fragmentación y en la negación de las
tradicionales necesidades emocionales, esta afirmación es una sorpresa.
Todo cobra sentido cuando se ve puramente como una táctica para
propagar una preferencia estilística. Esto se hizo ya una vez
exitosamente en 1920 para introducir otro — así llamado — “nuevo
paradigma”. Le Corbusier copió la última tecnología proveniente de los
autos deportivos, aeroplanos, buques transatlánticos y silos de cereales
para definir una nueva arquitectura. El truco consistió en crear formas
que no se parecieran a nada conocido.
Alrededor de veinte años más tarde, Sigfried Giedion produjo una
explicación voluminosa pero sin sentido acerca de por qué esta nueva
arquitectura estaba basada en la nueva ciencia de esos días, la
relatividad y el espacio-tiempo. Esta propaganda funcionó
brillantemente. En la versión actualizada, los arquitectos
deconstructivistas esperan que el mismo método vuelva a funcionar.
Conclusión
A los arquitectos de hoy se les dice que la nueva ciencia sostiene y
provee bases teóricas para la arquitectura deconstructivista. Nada
parece justificar este argumento. Por el contrario, creo que la
evidencia demuestra que sí existe un nuevo paradigma en la arquitectura
y que está apoyado por la nueva ciencia. Charles Jencks está en parte en
lo cierto (aunque estrictamente por coincidencia, siendo que basa su
nuevo paradigma en malos entendidos). La nueva ciencia lleva
inexorablemente hacia un nuevo paradigma en la arquitectura. Sin
embargo, este nuevo paradigma no incluye a la arquitectura
deconstructivista. El nuevo paradigma abriga la innovadora y humana
arquitectura de Christopher Alexander, a la tradicional y humana
arquitectura de Léon Krier y más, mucho más.
Mikos Salingaros es profesor de matemáticas en la Universidad de
Texas en San antonio, y posee un subsidio de la Fundación Sloan para
estudiar las leyes científicas de la arquitectura
http://sphere.math.utsa.edu/sphere/salingar/
1.
Charles Jencks (2002) “The New Paradigm in Architecture”, DATUTOP 22,
pág. 13-23.
2. Charles Jencks (2002) “The New Paradigm in Architecture” (Yale
University Press, New Haven).
3. Nikos A. Salingaros (2001) A Theory of Architecture, libro online
disponible en http://sphere.math.utsa.edu/sphere/salingar/architecture.html
4. Christopher Alexander (2001) The Phenomenon of Life (Oxford
University Press, New York) [The Nature of Order, Book One].
5. Michael Mehaffy y Nikos A. Salingaros (2001) “The End of the Modern
World“, PLANetizen www.planetizen.com , aproximadamente 4 páginas;
reimpreso por Open Democracy www.opendemocracy.net
6. Christopher Alexander (1964) “Notes on the Synthesis of Form”
(Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts).
7. Christopher Alexander, Sara Ishikawa, Murray Silverstein, Max
Jacobson, Ingrid Fiksdahl-King y Shlomo Angel (1977) A Pattern Language
(Oxford University Press, New York).
Traducción al Castellano: Christopher Alexander, Un Lenguaje de
Patrones: Ciudades, Edificios, Construcciones (G. Gili, Barcelona,
1980).
8. Richard Gabriel (1996) “Patterns of Software” (Oxford University
Press, New York).
9.
Alan Sokal y Jean Bricmont (1998) “Fashionable Nonsense” (Picador, New
York) [Título europeo: Imposturas Intelectuales].
10. Richard Dawkins (1998) “Postmodernism Disrobed”, Nature 394, páginas
141-143.
11. Brian Hanson y Nikos A. Salingaros (2002) “Death, Life, and
Libeskind“, Architectural Record Online - In the Cause of Architecture
(February 2003), aproximadamente 10 páginas.
12. Stephen Grabow (1983) “Christopher Alexander: The Search of a New
Paradigm in Architecture” (Oriel Press, Boston).
13. Thomas Kuhn (1970) “The Structure of Scientific Revolution”, 2nd.
Edition (University of Chicago Press, Chicago).
14. Diederik Aerts, Leo Apostel, Bart De Moor, Staf Hellemans, Edel Maex,
Hubert Van Belle y Jan Van der Veken (1994) “World Views: From
Fragmentation to Integration” (VUB Press, Brussels).
Más
información:
http://www.arqa.com/
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