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Le Corbusier fue quizá demasiado moderno

 

   

Le Corbusier fotografiado en 1949 en su estudio de París.

Por Doris Lucini, swissinfo.ch

Del 19 al 29 de junio de 2011 en París, la UNESCO decidirá si incluye la obra de Le Corbusier en la lista de Patrimonio Mundial de la Humanidad. Innovadora y transnacional, la primera candidatura centrada en un arquitecto debe convencer a los miembros del jurado.

Es uno de los arquitectos que más ha marcado el siglo XX. Charles-Edouard Jeanneret (1887-1965), más conocido como Le Corbusier, ha difundido su obra en once países de cuatro continentes. Nacido y criado en La Chaux-de-Fonds, el corazón de la relojería suiza, fue capaz de despertar la atención del mundo a pesar de no contar con el título de arquitecto.
 
Además de tratarse de un gran estudioso -dominó la lista de éxitos de las publicaciones científicas- no fue solo “un gran arquitecto y un gran urbanista. También era un teórico, un escritor, un pintor muy notable, o sea, una versión moderna del hombre del Renacimiento”, dice Vittorio Magnano Lampugnani, profesor de planificación urbana en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ).
 
Muchas de las ideas de Le Corbusier deben ser hoy puestas en cuestión, así como él, “repensó todo, revolvió y desafió todo: pero la coherencia de su investigación y su capacidad de sintetizar de una forma eficaz no solo sus intenciones, sino también las ideas de sus colegas le hicieron “el propagandista por excelencia de la arquitectura moderna”.
 
 
El valor universal y excepcional de la obra de Le Corbusier parece fuera de toda duda, pero para la UNESCO no es suficiente para justificar su inscripción en la lista del Patrimonio Mundial. En 2009 pidió la mejora del dossier presentado por Francia -que había lanzado la idea en 2002 junto con otros cinco países, incluido Suiza.
 
Dos años más tarde, el Comité del Patrimonio Mundial volvió a pronunciarse sobre la candidatura que solicitaba la inscripción de 19 (en lugar de 22) obras de Le Corbusier. A pesar de los esfuerzos para adaptar el dossier a las exigencias de la UNESCO, una vez más, el ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) que actúa como consultor del Comité del Patrimonio Mundial, dio un aviso negativo.

Un arquitecto, muchos objetos y naciones

De hecho, explica el arquitecto Oliver Martin, que sigue el dossier UNESCO dentro en la Oficina Federal de Cultura, “la importancia global de Le Corbusier es indiscutible, el problema es de orden metodológico”. Es la primera vez que una candidatura se refiere a una serie de obras de un solo arquitecto.
 
Y aunque no es la primera propuesta transnacional, no hay otros sitios del Patrimonio Mundial que en realidad anulan el criterio de la unidad geográfica. La otra candidatura presentada por Suiza -los pueblos o asentamientos lacustres del arco alpino también es transnacional (participan Francia, Alemania, Italia, Austria y Eslovenia), aunque los Alpes son el denominador común.
 
Para Oliver Martin, sin embargo, el obstáculo más importante es “el temor de sentar un precedente”. Inscribir en la lista de Patrimonio Mundial la obra de Le Corbusier podría abrir la puerta a las candidaturas de otros importantes arquitectos como Alvar Aalto o Walter Gropius.
 
En la solicitud no parecen pesar ciertas expresiones racistas de Le Corbusier, su voluntad de cooperar con el gobierno pronazi de Vichy y su simpatía por los regímenes autocráticos y sus grandes proyectos. “Este aspecto”, confirma Oliver Martin “es un problema solo en Suiza”, donde hay propuestas periódicas de cambiar la denominación de nombre calles y plazas bautizadas con el nombre del arquitecto de La Chaux-de-Fonds.
 
En el plano internacional, prevalece la tendencia de considerar a Le Corbusier como un hijo de su tiempo, básicamente poco interesado
​​en la política y mucho más en las posibilidades de realizar sus proyectos. 

 

   

Moneda ideada por Le Corbusier para diseñar los espacios a escala humana

Desde el primero al último proyecto

Las 19 obras incluidas en la candidatura fueron elegidas por su capacidad para ilustrar los principios desarrollados en los últimos años de Le Corbusier, como la arquitectura a escala humana, teorizada en ‘La Ciudad Radiante’ (1935), y los cinco elementos descritos en ‘Hacia una arquitectura’ (1923) con pilares de hormigón armado, terraza-jardín, planta libre, fachada libre y ventana longitudinal).
 
En Suiza hay tres de estos edificios: las casas construidas para sus padres en La Chaux-de-Fonds en 1912 (Villa Jeanneret-Perret Maison o ‘Maison Blanche’) y en Corseaux en 1923: el edificio Clarté de Ginebra (1930). “Como todas las otras obras incluidas en la candidatura, se trata de objetos con un alto grado de autenticidad, que no han sufrido alteraciones importantes”, asegura Martin.
 
Con respecto a la ‘Maison Blanche’, no es verdad que Le Corbusier estuviera de acuerdo con la decisión de incluirla entre las obras representativas. En sus escritos, la primera casa diseñada por él mismo no aparece como si quisiera negar su paternidad. “La ‘Maison Blanche’ es interesante solo por eso”, dice Oliver Martin.
 
“Se trata de un campo de experimentación. No es claramente su estilo aunque ya hay ideas que caracterizan a la madurez del arquitecto, como la planta libre (cada piso tiene una estructura diferente), una pista de las ventanas longitudinales o el jardín que no era todavía una terraza-jardín, pero que ya representa un intento de integración de la naturaleza en el espacio habitable.
 
La ‘Maison Blanche’ abre el círculo que cerrará con el último proyecto realizado personalmente por Le Corbusier, la construcción del centro de recreación de Firminy-Vert, en Francia, también incluido en la lista presentada a la UNESCO. Falta en cambio otra obra clave del arquitecto suizo: la ciudad india de Chandigarh.
 
“La India ha participado en las primeras etapas del proyecto y después se retiró por asuntos internos”, dice Martin. “En cualquier caso, se trata de una candidatura en serie y sin el en el futuro hay condiciones para hacerlo, será siempre posible proponer la inclusión de Chandigarh en la lista”.



Doris Lucini, swissinfo.ch
(Adaptación: Iván Turmo)

 





     


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Arquitectos Jorge Harris y Carolina Harris

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