Niemeyer: longevo y productivo
José Luis Meza
Este domingo al mediodía, sabremos quién es el
nuevo campeón mundial de Fórmula 1, una vez que termine la última
carrera de la temporada: el Gran Premio de Brasil, que se correrá en Sao
Paulo.
¿Será Lewis Hamilton, el controvertido joven de McLaren que el año
pasado casi se lleva el título en su año de debut y que ahora lidera el
campeonato? ¿O será Felipe Massa, el aguerrido, aunque inconstante
piloto de Ferrari, que partirá en la posición de privilegio y además
corre en casa?
Puerto de la Música, proyecto de Óscar Niemeyer para Rosario
(Argentina).
Lo que sí sabemos es que el ganador de la carrera se llevará una obra
maestra a casa, pues el trofeo ha sido diseñado nada menos que por el
supremo decano de la arquitectura contemporánea, el brasileño Oscar
Niemeyer, que el próximo mes cumplirá 101 años de edad.
Desafiando a Cronos, el longevo arquitecto casi
duplica la edad a la que muchos burócratas de antaño se jubilaban, y lo
hace con plena lucidez y creatividad, firmando proyectos que se
encuentran en proceso en distintas partes del mundo.
El trofeo que Niemeyer ha diseñado por la contienda automovilística
brasileña, está inspirado en las columnas del Palacio de la Alvorada,
uno de los edificios emblemáticos de Brasilia, esa gran urbe nacida para
ser capital y que el propio arquitecto concibió hace medio siglo.
“La arquitectura sigue el camino de una obra de arte y lo que
caracteriza una obra de arte es la emoción, la sorpresa. La columna del
Alvorada es uno de los símbolos de la arquitectura de Brasilia. Optamos
por usar una forma de columna que nunca se hizo igual”, señala Niemeyer.
La presea que se levantará en lo alto del podio hoy es también el primer
trofeo ecológico de la historia en la Fórmula, pues está hecho de
polietileno de alta tecnología y “super alto peso molecular” procedente
no del petróleo, sino de etanol de caña de azúcar, ese combustible de
origen vegetal y renovable del que Brasil es el mayor productor en el
mundo.
La última curiosidad alrededor de la creación de Niemeyer, es que según
Braskem, la petroquímica brasileña que comisionó el trofeo, el
legendario arquitecto lo boceteó de una sola vez en apenas 15 segundos,
por lo que con justicia debería llevarse él mismo una presea por
claridad de ideas.
Mano incansable
La mayoría de las obras en las que actualmente se
ocupa Niemeyer son un poco más complejas que un trofeo. Apenas hace tres
semanas presentó su proyecto para el Puerto de la Música, un
espectacular auditorio para 2 mil 500 personas, con el que la ciudad
argentina de Rosario espera aderezar la celebración por los
bicentenarios de la Revolución de Mayo (1810) y la proclamación de la
Independencia argentina (1816).
El recinto, de más de 16 mil 500 metros cuadrados, será la primera obra
de Niemeyer en Argentina y se ubicará en un vasto predio de seis
hectáreas en las márgenes del río Paraná. El programa arquitectónico del
edificio contempla además una sala de exposiciones, una escuela de
música, un estacionamiento con 500 cajones y una enorme explanada.
Para el Puerto de la Música, Niemeyer recurre a la misma solución que
empleó en el Teatro Popular de Niteroi (Brasil), inaugurado en abril del
año pasado: un fondo de escenario móvil que, dependiendo del caso, pueda
retirarse a fin de que el espectáculo pueda ser visto por una audiencia
al aire libre.
“Al proyectar este teatro para Rosario mi preocupación fue garantizar
que el espectáculo no se limite sólo a los que están en la platea, sino
que también alcance a los de afuera, 20 a 30 mil, pudiendo participar
del mismo. Solución que me espanta no haber adoptado hace más tiempo”,
escribe Neimeyer en el dossier de su propuesta.
Desde fuera, el teatro luce como un enorme caracol de hormigón blanco,
con una expresión arquitectónica sencilla, pero rotunda y espectacular:
una enorme cúpula que parece emerger de una estructura cóncava
ligeramente más alta. Aunque los renders y maquetas no muestran
claramente ventanales, se espera que los haya precisamente en el resaque
que hay en lo alto del edificio.
La forma esférica del auditorio favorece la acústica del interior, cuya
sala distribuirá sus 2 mil 500 asientos en dos plateas y destinará cerca
de 800 metros cuadrados para el escenario, completando el arreglo con un
gran foso de orquesta y salas de ensayo.
Niemeyer, que por su edad no se permite viajar, acudió a la presentación
a través de un video, en el que comentó: “Este proyecto en Argentina me
es muy grato, tengo la certeza de que es diferente a los otros teatros
que se han hecho antes, sus formas, pero todo surge del programa, la
forma del corte de la platea, es más suave para entender mejor el
problema de la acústica, cuando llego a proyectar el escenario me pide
más altura, tiene una curva más alta para eso, la forma es diferente
pero todo es para resolver un problema de arquitectura”.
El conjunto del Puerto de la Música incluye también dos edificios
auxiliares de menor escala. El primero de ellos, horizontal y que desde
el aire evoca la curvatura de una banana, contará con una sala de
exposiciones, zonas de restaurante y bar y una terraza que mirará tanto
al Paraná, como a la inmensa explanada.
El otro edificio, una pequeña torre cilíndrica, alojará los sanitarios
para quienes acudan a la explanada, así como taquillas y espacios
administrativos.
En lo urbanístico, Niemeyer propone que el Puerto de la Música promueva
una amplia regeneración de esa zona de Rosario, con la creación de un
área verde que una al Puerto de la Música los cercanos Parque Nacional a
la Bandera y la Estación Fluvial, así como un par de puentes que
comuniquen el complejo con el Parque Urquiza.
Pese a la crisis financiera global, las autoridades de Rosario están
especialmente entusiasmadas con el proyecto, cuyo presupuesto no ha sido
definido, pero rondará en torno a los 20 millones de dólares. Esperan y
desean que el proyecto sea un parteaguas en la ciudad tal y como lo fue
el Guggenheim en Bilbao.
Más información:
http://www.am.com.mx/