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En la obra más importante de la Gran Manzana desde el 11-S, Renzo Piano desafía la “arquitectura de la seguridad” con su idea de rascacielo vidriado

 

   

 

Siguiendo las huellas de su célebre conciudadano genovés, a los setenta años, Renzo Piano ha descubierto América. Un poco por amor y otro poco obligado, dado que no es exactamente por su culpa que cada proyecto italiano firmado por el arquitecto del Beaubourg se convierta en objeto de polémicas ridículas, el último de los cuales es el rascacielos del Imi-San Paolo en Turín. Pero da lo mismo. Hay seis obras de Piano por finalizar o en fase de proyecto en los Estados Unidos. Pero el emblema de la aventura estadounidense de Piano es la nueva sede de The New York Times, sin duda el proyecto más significativo que se ha llevado a término en la Gran Manzana desde el 11 de Septiembre, y seguramente el primero que ha osado desafiar la "arquitectura de la seguridad", consecuencia del miedo y la angustia provocados por el terrorismo islámico, y que prevaleció en la elección de proyectos para la reconstrucción del Ground Zero.

 

   


El lunes, a la tarde, toda la gente que importa en Nueva York se reunirá para la inauguración del nuevo edificio, de más de 300 metros de altura e íntegramente cubierto por una membrana de perfiles de cerámica que filtran el impacto solar y permiten una distribución homogénea de la luz.

Nos encontramos con Renzo Piano en la cafetería del piso 30° del rascacielos, "la piazza", como la llama él, un espacio luminoso en dos niveles situado exactamente en la mitad de la construcción, que oficia de "lugar de encuentro, de conversación, desde donde se puede gozar de la vista de la ciudad".

 

   


Recuerda aquella cena del 14 de septiembre de 2001, el día de su cumpleaños, con el editor Arthur Sulzberg y el resto de los directivos del Times. El atentado contra las Torres lo halló en la ciudad, a la que había venido con su esposa y su hijo de dos años. "Hablamos de lo ocurrido y de cómo eso influiría en el proyecto. Y estuvimos de acuerdo en mantener la idea de transparencia, que es la clave poética y expresiva de este edificio. Terminaron por aceptar mi teoría: en términos de seguridad, la transparencia es más confiable que la opacidad. En suma, el edificio nació en un momento de transición crucial, en el que uno hubiera esperado un búnker."

 

   


Transparencia y ligereza expresan bien el efecto óptico del rascacielos: desde la calle se capta todo lo que sucede adentro y viceversa. Hasta el recubrimiento de cerámica gris es en realidad transparente: "En cierto sentido, hace respirar al edificio. Es necesario recordar que Nueva York tiene eso de extraordinario, que es una ciudad fotosensible, que cambia de color en cada momento del día. Y los perfiles permiten una manera de crear emociones, se apoderan de la luz".

El resultado es que uno está en medio de la ciudad, pero también en un espacio definido. "El edificio y la ciudad -explica Piano- están mutuamente ligados y dialogan. Me pareció un buen concepto de la Redacción y de un diario, una estructura que se alimenta de la ciudad."

 

   


La otra sorpresa está abajo. La construcción levita sobre la planta baja, donde, como dice el arquitecto, "la mayor parte de los rascacielos de Nueva York descienden hasta la tierra, tomando posesión de manera casi agresiva del territorio". En este caso, en cambio, la planta baja está dedicada a espacios públicos, un atrio, un jardín con abedules de 16 metros de altura, el Times Center y las dos calles, la 40 y la 41, terminan integrándose".

 

   


Como respuesta al terrorismo, estos espacios abiertos, los colores vivaces del amarillo del mármol al rojo de muchas paredes, resulta más bien atrevida: "La verdad es que no es una respuesta técnica al terrorismo islámico, ya que la única posible sería una caverna. Los terroristas atacan y niegan la ciudad, que es la expresión máxima de la civilización. No se puede engañar a la gente. Lo que se eligió aquí, en The New York Times, no fue celebrar la potencia o la fuerza, sino la transparencia y la legibilidad". Piano recuerda que Calvino, en Las ciudades invisibles , decía que cada ciudad tiene un rincón que no es el infierno, y que es el que hay que descubrir, el rincón que sobresale también en los momentos más duros y en la tragedia: "Una ciudad segura es una ciudad sin rincones oscuros".

 

   


Distribuida en los tres primeros pisos, conectados por escaleras y que se abren uno sobre el otro alrededor de un patio central, que se ensancha como el tronco de una pirámide invertida, la Redacción es el corazón del edificio, la "bakery", el horno donde se cocina y se piensa el primer periódico del mundo. "¿Usted es Piano?", pregunta un redactor en un discreto italiano. "Sí, soy Renzo Piano. Y, dígame, ¿cómo se encuentra aquí, qué le parece?" La respuesta es dudosa: "Es bellísimo, pero tal vez un poco grande; para ver a mis colegas de arte debo recorrer varios centenares de metros". El arquitecto toma la respuesta con diplomacia. Pero le pregunto, ¿la arquitectura puede hacer felices a las personas? : "Claro, pero dado que la arquitectura es también un arte impuesto, los arquitectos tienen responsabilidades enormes y pueden ser peligrosos. Si un libro está mal escrito, uno puede no leerlo, pero si una ciudad es horrible, hay que vivir lo mismo allí".

Por Paolo Valentino
Corriere della Sera

Traducción: Mirta Rosenberg

 

 

Más información: http://www.lanacion.com.ar/

 

 

 


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Arquitectos Jorge Harris y Carolina Harris

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