Palafitos de Chiloé se transforman en lofts y hoteles boutiques
Hace cuatro años comenzó el primer proyecto para darle futuro a los
palafitos de Chiloé. Hoy ya suman cinco las iniciativas que están rescatando
el patrimonio y creando un nuevo auge turístico a la isla.
Andrés
Mosqueira viajó a Castro, Chiloé, el año pasado invitado por una prima que
inauguraba un Hostal Palafito en el barrio Gamboa de Castro. No conocía la
isla, era su primera vez en Chiloé, pero fue suficiente para este empresario
como para enamorarse del lugar y decidirse por invertir en su propio
palafito y convertirlo en un hotel boutique.
Andrés no es
el único que ha quedado atrapado por estas construcciones y el paisaje de
Chiloé. Ya existen cuatro palafitos remodelados y convertidos en lofts,
apart hotels y hotel de lujo. El éxito ha sido rotundo: turistas de Europa y
Estados Unidos hacen cola para tener un cupo en los escasos palafitos
destinados a alojamiento. Todo en el barrio Gamboa de Castro.
Según el arquitecto Edward Rojas -encargado del proyecto de Andrés Mosquiera
y quien ha recibido numerosas distinciones por su desempeño profesional y
aporte patrimonial a Chiloé- el interés que arrojan estos proyectos es la
relación que hay de una arquitectura que une tierra y mar en un lugar único.
"Aquí la arquitectura es la que produce la relación entre tierra y el mar.
El barrio Gamboa –donde se sitúan los palafitos- vive el pulso mismo de
Chiloé. Aquí la marea cambia cuatro veces al día y eso los palafitos lo
viven a diario, no existe en ningún otro lugar”, agrega.
Transformación reciente
La idea de transformar los palafitos con fines turísticos y de preservación
patrimonial es bastante reciente.
Según Edward Rojas, hace cuatro años la pareja de arquitectos Joaquín
Velasco y Patricia Rubio vieron la posibilidad de tomar un palafito del
barrio Gamboa y hacerle un giro tipológico ya que estaba bastante venido a
menos. El valor de entonces de un palafito bordeaba los dos a tres millones
de pesos.
“Tomaron la
vivienda y la convirtieron en un pequeño edificio con cuatro lofts. Y se
comenzaron a arrendar con bastante éxito. Posteriormente, tomaron otro
palafito e hicieron lo mismo, dejándolo con cuatro departamentos”, dice
Rojas.
Desde entonces han seguido el mismo camino la doctora Sofía del Valle y la
familia Armenaro Salinero. Todos convirtiendo los palafitos en loft y
pequeños hoteles boutique.
El cambio e impacto para el barrio ha sido bastante notorio. Desde luego ha
aumentado el turismo, se ha logrado salvar el deteriorado patrimonial del
Barrio Gamboa e, indirectamente, ha aumentado el comercio en los locales del
barrio. Ni hablar del plus valía de las viviendas. Hoy un palafito no baja
de los 30 millones de pesos.
Qué opinan los vecinos de Chiloé
Aunque hay opiniones discrepantes entorno a la iniciativa por la falta de
una normativa adecuada la mayoría de los vecinos y propietarios originales
del lugar se han manifestado a favor de los proyectos.
Víctor Sanhueza, miembro del comité de propietarios de los palafitos,
expresó hace poco al diario “La Estrella de Chiloé” que “estoy de acuerdo
con que estas modernas obras se realicen pues se le dará mayor realce y
plusvalía al barrio”.
Marcos Álvarez, quien vive en un palafito hace más de 40 años, asegura que
hay que adaptarse a los nuevos tiempos y hay que acercarse más al desarrollo
del tema turístico. Además, asegura, "no se ha perdido la esencia del barrio
pues las construcciones han mantenido el estilo".
Andrés Mosqueira es claro en este sentido. “El estilo permanece, queremos
preservar el barrio y su patrimonio. La riqueza está dado justamente por la
belleza del entorno, la relación mar y tierra y, obviamente, por los
habitantes de los palafitos”.
Origen de los palafitos
Los palafitos tienen su origen en la relación entre la tierra y el mar. Su
fachada delantera da a la tierra y la trasera, al mar. El habitante de un
palafito podía ser agricultor y pescador al mismo tiempo, lo que
correspondía al momento histórico en que estos palafitos se convirtieron en
residencias productos de las migraciones campo-ciudad a comienzos del siglo
XX. Sin embargo, ellos ya existían en 1880 producto del fuerte desarrollo de
los puertos de Chiloé, especialmente el de Castro, por el auge maderero.
Desde su origen, existe un vacío legal en cuanto a la propiedad de los
palafitos. No pertenecen a tierras municipales, porque están a la orilla del
mar, por lo tanto, pertenecen a la Subsecretaría de Marina. Al ser así,
estos terrenos, por ley, no pueden tener un dueño. Nadie se ha hecho nunca
responsable de esta situación, por lo tanto los palafitos están en “tierra
de nadie”, sus habitantes nunca fueron sus verdaderos dueños, no tienen
títulos de propiedad. En la práctica, cuando hoy se “venden” estos
palafitos, lo que se vende es la obra, no el terreno. No hay autorización
para arreglar, construir, reparar, ni ampliar los palafitos. Sin embargo, la
Gobernación Marítima y la Municipalidad siempre han hecho la “vista gorda” a
esta situación y en la práctica, estos arreglos se realizan igual. Se
resuelve el problema material, pero no el legal con respecto a la propiedad
del suelo de la playa donde los palafitos están emplazados. Esta situación
de “incierto” legal dura ya más de un siglo.