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Postales rotas

 

Mario Roberto Alvarez, Clorindo Testa, Carlos Moreno, Fabio Grementieri y Horacio Schlauch opinan sobre los criterios de intervención en las nueve manzanas que componen el área más antigua de la ciudad de Buenos Aires

Entre 1999 y 2005, ocho edificios de diferentes épocas en el microcentro se declararon monumentos históricos, marcando el comienzo de un período de preservación en la historia de la zona bancaria por excelencia, que restauradores como el arquitecto Fabio Grementieri (Baez Carena Grementieri) celebran como un paso hacia el fin de las "interferencias depredatorias del patrimonio cultural". En el siglo XIX, las nueve manzanas que hoy se conocen como la city porteña componían una ilustre área residencial donde nació Buenos Aires, y hoy no queda casi nada.

 

   

 

Pero paradójicamente, observando la historia, es posible suponer que su riqueza patrimonial sea resultado de los mismos criterios de intervenciones que ahora se intentan evitar. Horacio Schlauch, historiador y guía del Museo Histórico del Banco de la Provincia, cree que el proceso de demolición necesario para crear la zona bancaria destruyó un valioso patrimonio cultural. Según su opinión, "la zona podría estar usando este casco histórico" si se hubieran refuncionalizado las viviendas antiguas para la vida contemporánea".

Este pensamiento refleja el eje filosófico de los restauradores, que sin el pasado no hay identidad. Pero considerado desde el presente, se destaca la ausencia de otro componente necesario: el futuro. Si grupos de arquitectos hubieran conservado la zona cuando en 1896 la mayoría de la población residencial se fue por la fiebre amarilla, no habría la diversidad arquitectónica bancaria que hoy se considera tan valiosa; hubieran rechazado la oportunidad de desarrollar y ampliar una tradición arquitectónica que recién empezaba.

 

   

 

De lo contrario, se formó una historia de regeneración que no terminaría con el establecimiento de una zona financiera, cuyos primeros edificios fueron los de los arquitectos Hans Schroeder y Henry Hunt, de quienes sólo sobreviven dos, que están protegidos como monumentos históricos: la ex Bolsa de Comercio de Buenos Aires, actual Museo Numismático del Banco Central José E. Uriburu, de mediados del siglo XIX (San Martín 216), y el original Banco Hipotecario de la Provincia de Buenos Aires, de 1876, actual sede del Banco Central de la República Argentina (San Martín 275).

Otros dos, los antiguos bancos de la Provincia de Buenos Aires y de Londres y Río de la Plata, también representaban patrimonio arquitectónico, y probablemente serían monumentos oficiales si no se hubieran demolido y reemplazado por otros modernos: el racionalista Banco de la Provincia de Buenos Aires, de Sánchez, Lagos y de la Torre (1957), y el brutalista ex Banco de Londres, de Clorindo Testa y Sepra (1966), que llegarían a ser declarados monumentos históricos por ser elementos vitales del muestrario arquitectónico de la City.

 

   

 

Testa, que piensa que "los edificios vivos tienen que cambiar la función", incluso renovó su propio banco en 1999. Otro monumento histórico del área actual, el Museo Histórico del Banco de la Provincia, también es el resultado de la demolición de un edificio preexistente.
La última adición a esta trayectoria de regeneración fue la construcción de la torre del Banco Galicia (proyecto del EstudioMRAyA) en la sede del Banco Español, que fue demolida salvo dos trozos de la fachada. En parte, el énfasis puesto en proteger el área surgió por la oposición pública a aquella demolición. Pero en cuanto a la historia arquitectónica del microcentro, quizá la noción que refleja mejor el espíritu revisionista es la postura del arquitecto Carlos Moreno, que en ese entonces sugirió que era "preferible demoler todo y hacer un edificio que se convirtiera en patrimonio histórico dentro de veinte años." Fabio Grementieri piensa que esta torre representa un fracaso del planeamiento urbano, lo que pasa cuando no se respeta la historia. Pero no hay que olvidar que el repertorio arquitectónico que caracteriza el microcentro como patrimonio también surgió de lo que hoy muchos considerarían faltas de respeto a la historia.

 

Por Gustavo Gordillo

 

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Arquitectos Jorge Harris y Carolina Harris

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