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Alejandro Ruiz
Un argentino en el MoMA
Graduado en la Universidad de La Plata, llegó a Milán hace 20 años para
trabajar en los mejores estudios de diseño. Hoy es un referente
internacional
El Premio Ternium Siderar de Diseño en Acero convocó a un jurado
internacional de destacadas figuras que incluyó, nuevamente, a un
diseñador argentino con grandes logros fuera del país. Aunque su nombre
no es muy conocido en la Argentina, el diseñador industrial Alejandro
Ruiz se transformó en celebridad internacional cuando su rallador de
queso producido por Alessi fue elegido por el MoMa de Nueva York para
formar parte de su selecta colección permanente de diseño. Algo similar
a lo que ocurrió con el arquitecto Jorge Ferrari Hardoy, coautor del
emblemático sillón BKF.
Ruiz estudió en la Universidad de La Plata al mismo tiempo que se
gestaba la carrera de Diseño en la UBA. Con los ojos llenos de imágenes
extranjeras, decidió viajar a la meca mundial del diseño sin boleto de
vuelta. Llegó a Milán sin red ni destino, pero su carácter decidido y un
talento poco regular bajo el brazo hicieron que en pocos meses formara
parte del reducido y vanguardista equipo de Alchimia. Hoy, más de veinte
años después y con un producto transformado en icono modernista, nos
cuenta cómo llegó a ser un diseñador destacado en Milán y qué relación
tiene con su país de origen.
-¿Cómo llega a Alchimia siendo tan joven y extranjero?
-Viajé a Milán absolutamente motivado por el trabajo experimental que
estaban haciendo estudios de vanguardia como Memphis o Alchimia. Pero mi
ingreso real fue bastante fortuito. Mi proyecto de graduación fue el
diseño de una bicicleta y, cuando tuve la entrevista con Alessandro
Mendini, justo había entrado un pedido para que se diseñara una
bicicleta. Esa coincidencia me permitió trabajar allí un año, con un
equipo interdisciplinario increíble, inmerso en ese mundo del que nos
hablaba Ricardo Blanco en la Facultad de La Plata. Me fui cuando
conseguí una beca para cursar el posgrado de Diseño en la Domus Academy.
-Digamos que pasó del ombligo del diseño experimental al
académico.....
-Sí, la Domus Academy era otro lugar místico para los diseñadores de
fines de los ochenta. En esa época descubrí otro aspecto interesantísimo
de la profesión que es la arquitectura efímera. Para mí, fue descubrir
una nueva dimensión porque hasta ese momento sólo estaba enfocado al
diseño de producto. Entonces, al finalizar el posgrado entré a trabajar
en otro espacio increíble que fue el estudio del arquitecto Vittorio
Gregotti, donde trabajamos desde proyectos urbanísticos a gran escala
como el Master Plan de Turín hasta el diseño interior de una muestra de
Marcel Duchamp.
-¿Cuándo decidió que era hora de abrir su propio estudio?
-Después de dos años de trabajar con Gregotti. Al comienzo me pasaba los
proyectos más chicos, que GAI no podía tomar. Al tiempo empecé a
enfocarme nuevamente hacia el diseño de producto y comenzó mi relación
con Alessi.
-Y fue elegido por el MoMa entre millones de diseñadores, ¿cómo
fue eso?
-Un día recibí una carta del MoMa de Nueva York en la que me informaban
que habían seleccionado el rallador Parmenide (yo lo llamo familiarmente
Grattugia). Para Alessi, esto fue también importante porque era el
segundo objeto de la marca seleccionado por el MoMa. El anterior fue la
cafetera de Richard Sapper, de 1978.
-
¿Le
explicaban por qué había sido seleccionado?
-No, la carta no hacía referencia a las razones. Con el tiempo me di
cuenta de la vigencia que sigue teniendo como objeto tanto desde la
forma como desde su función. Porque se sigue vendiendo después de
aproximadamente quince años. Este acontecimiento creo que me impulsó a
seguir creciendo y a trabajar con nuevos materiales. Así me enamoré un
día del cristal y comencé a trabajar con vidrio soplado.
-En su conferencia insistió en las diferencias entre el diseño
para la industria que se da en Milán y el diseño de autor de la
Argentina...
-Es que para mí es imposible concebir un producto sin el roce necesario
de trabajar el proyecto en conjunto con la industria. En ese roce se dan
muchos cambios, modificaciones. Se pasa de una idea a un objeto real.
-Sin embargo, usted comenzó en Alchimia, que pregonaba la vuelta al
artesanado, y también trabajó en cristal soplado para Murano...
-Es verdad, y también es verdad que en el caso del rallador de
Alessi casi no hubo cambios desde la idea hasta el producto, pero eso no
pasa todo el tiempo.
Para que los productos sean útiles y funcionales tanto para el usuario
como para las empresas, la relación del diseñador con la industria tiene
que ser permanente, aunque sea conflictiva, no importa. La genialidad
está en la flexibilidad.
Por Valeria Melon
Más información:
www.lanacion.com.ar
El diseño y el campo
Los Premios Ternium Siderar de Diseño en Acero
2008 sorprendieron con nuevas propuestas para el agro y la ganadería. Un
innovador sistema de alambrado, diseñado por Javier Leveratto e Iván
Longhini, recibió el máximo galardón de la categoría profesionales, y en
la categoría de estudiantes el primer premio fue para un corral portátil
para ovejas creado por Emilia Pezzati y Fernando Sorianello. Más
información en
www.premio.terniumsiderar.com
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