Reciclar el pasado
Proponen oficinas con servicios cinco estrellas como destino para la antigua
fábrica de bizcochos; incluye plantas libres y flexibles, terrazas y
amenidades entre otros
Cuando en
1910 la familia Canale mudó su modesta panadería de la calle Defensa a las
modernas instalaciones de Martín García 320, en Barracas, lo hizo con la
plena certeza de que el negocio seguiría creciendo. Aunque los autores de
aquel proyecto no imaginaron cuán lejos llegaría la fama de los bizcochitos:
el nivel de la producción aumentó enseguida y, en consecuencia, el edificio
empezó a quedar chico. Tan chico, que durante los años siguientes la empresa
tuvo que anexar a la planta original al menos diez construcciones linderas,
alcanzado la fábrica una superficie total de 30.000 metros cuadrados,
distribuidos en cinco pisos.
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Casi cien años más tarde, y de prosperar la actual iniciativa, ese caótico
conjunto de hormigón y ladrillo se convertirá en el Palacio Lezama, un
ejemplo de cómo la arquitectura industrial del siglo pasado puede insertarse
en el paisaje contemporáneo y adaptarse a las exigencias del mercado
inmobiliario. Después de estudiar las posibilidades, los actuales
propietarios (Edelven SA, que ya desarrollaron Central Park, edificio de
oficinas en Barracas) decidieron transformar la vieja usina de galletitas y
mermeladas en oficinas con amenidades, precedidas por un gran sector
comercial en la planta baja y el primer piso. La estrategia de hacer la
edición 2006 de Casa FOA en la que fue una de las cuadras más perfumadas de
Barracas sirvió no sólo para reabrir al público un sitio entrañable para la
memoria colectiva, sino también para presentar en sociedad las bases de la
futura ampliación y reforma del edificio, diseñadas por el estudio Mc
Cormack.
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"Descartamos la idea de hacer viviendas por las características de las
plantas. Hay que destruir mucho para hacer ventilaciones y las ventanas de
las fachadas son chicas -dice Gustavo Fernández, que junto con su padre
compró la propiedad a la firma Kraft Foods, hace tres años-. Estamos
escuchando la demanda. En principio, sabemos que serán espacios para
alquilar porque queremos preservar el carácter de la construcción. Pero si
una empresa quiere toda una planta, o sólo 100 metros, ésta se adaptará sin
problemas al requerimiento del locatario."
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Las sucesivas ampliaciones fueron trazando una geometría compleja, anclada
en una manzana de forma triangular. Para eso, los arquitectos unieron las
cinco plantas mediante una columna vertebral que agrupa ascensores,
escaleras y baños. En las tres plantas superiores quedaron espacios
flexibles para facilitar la división, y en la terraza ubicaron los amenities
del complejo, que contará con gimnasio, piscina, solárium y spa, un salón de
usos múltiples, áreas para fumadores, estacionamiento dentro del predio y en
El Molino, un anexo sobre la calle Pilcomayo. En esa zona se ve la unión de
las construcciones y la fachada es muy irregular, pero se aprovechó un
sector con buenas proporciones y carácter para alinear el resto. "A medida
que uno se aleja, el techo se ve caótico. Aparecen tanques gigantescos, un
techo que se les fue de altura, otro de hormigón, otro metálico -explica
Mike Mc Cormack-. Lo que hicimos fue calmar eso para no entorpecer la vista
desde el parque, sobre todo porque la fachada de adelante es petisa. Para
eso hicimos un trabajo de aterrazamiento, y pensamos en muros de vidrio que
de alguna manera suaviza. Sobre la calle principal posee un telón o fachada
que tiene poco que ver con la génesis del edificio de atrás, pero que agrupa
hacia el espacio público principal de manera bastante homogénea." En la
planta baja todavía existe una casa chorizo antigua que será destruida para
generar una calle de acceso que oficiará como patio, y para llevar luz al
interior de las plantas se aprovecharán unos pequeños patios interiores que
estaban tapiados. "Era un desafío, pero encuentro belleza en la complejidad
de los edificios industriales. Cuando se vacían y se tiran paredes suelen
surgir esas estructuras adosadas unas a otras. Algo así nos paso hace poco,
cuando proyectamos Los Molinos, en Puerto Madero. El encanto era entrar a
operar ahí, teniendo a la vista las huellas que dejaron quienes lo pensaron
antes."
Más
información:
http://www.lanacion.com.ar/
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