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Murió Rogelio Salmona, un ícono de
la arquitectura y el urbanismo de América Latina
El autor de maravillosas
obras como la Casa de Huéspedes Ilustres, en Cartagena; el Museo de Arte
Moderno y la Biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá, falleció a los 78 años,
como consecuencia de un cáncer. Adiós a uno de los grandes artistas
contemporáneos del país.
Fecha: 10/03/2007 -
El nombre de Rogelio Salmona
simboliza lo mejor de la rica arquitectura colombiana. Pocos hombres como él
tuvieron el talento para complementar los paisajes nacionales con sus
magníficas obras. Tras una prolongada lucha contra el cáncer, el creador
falleció a los 78 años de edad.
Nacido en París en 1929 siempre se consideró colombiano, pues siendo niño
viajó al país. Estudió en la Universidad Nacional de Colombiay hace un
tiempo el Museo de Arte Moderno de Bogotá presentó una retrospectiva de la
obra de Rogelio Salmona, que SEMANA definió como un homenaje “al gran
arquitecto del último siglo en Colombia”.
A continuación el texto de esa retrospectiva que sintetiza lo mejor de este
hombre que hoy descansa en paz.
El nombre de Rogelio Salmona simboliza lo mejor de la rica arquitectura
colombiana. Pocos hombres como él tuvieron el talento para integrar a los
paisajes naturales sus magníficas obras. Tras una prolongada lucha contra el
cáncer, el creador falleció a los 78 años de edad.
Nacido en París en 1929 siempre se consideró colombiano, pues siendo niño
viajó al país. Estudió en la Universidad Nacional de Colombia y hace un
tiempo el Museo de Arte Moderno de Bogotá presentó una retrospectiva de la
obra de Rogelio Salmona, que en su momento se definió como un homenaje “al
gran arquitecto del último siglo en Colombia”.
Esa retrospectiva sintetiza lo mejor de este hombre que hoy descansa en paz.
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“Poesía, la arquitectura es
poesía, algo muy sentido que se traduce mediante una metáfora construida”.
Así definía Rogelio Salmona el oficio que desde hace más de 50 años ha
desarrollado sin cansancio. Sus palabras, que para muchos constructores
mercantilistas de hoy podrían parecer exageradamente románticas, demuestran
que no sólo la estética y la funcionalidad son importantes cuando se
construyen edificios. También son primordiales aspectos intangibles de una
sociedad como lo es su cultura. Ese es precisamente el principal aporte que
hizo Salmona a la arquitectura, lo que el mismo llamó “la poética del
lugar”.
El Museo de Arte Moderno de Bogotá, con el apoyo de los Ministerios de
Cultura y Relaciones Exteriores y la Sociedad Colombiana de Arquitectos,
inauguró la retrospectiva Espacios Abiertos/Espacios Colectivos, una
exposición que recorre las diferentes facetas del trabajo de uno de los
arquitectos colombianos más influyentes del último siglo en el país.
“Esta exposición es de una gran trascendencia para el Museo de Arte Moderno.
Hacer esta retrospectiva ha sido una de las grandes aspiraciones de mi vida
porque a Rogelio le debemos en gran parte la existencia del museo”, explicó
en su momento Gloria Zea, directora del Museo.
Un largo camino a casa
La vida de Rogelio Salmona tuvo momentos definitivos. Uno de ellos fue su
encuentro con el arquitecto suizo Le Corbusier, durante su visita a Bogotá,
cuando él era un estudiante de primeros semestres de la Universidad
Nacional.
Rogelio Salmona, egresado del Liceo Francés, fue escogido como uno de los
traductores de la comitiva. Eso lo acercó aun más al ilustre visitante. Poco
tiempo después, Salmona abandonó sus estudios para incorporarse al taller de
Le Corbusier en París. Durante cerca de 10 años colaboró en el diseño y la
construcción de varios de los proyectos más importantes del movimiento
moderno, entre ellos el complejo gubernamental de Chandigarh, en India.
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En este período, Salmona realizó
diferentes viajes por Europa y África que lo marcaron para siempre. De sus
recorridos por Marruecos y el sur de España absorbió elementos de la
arquitectura mudéjar, una fusión entre el arte y la arquitectura árabe y
española, que se caracteriza por la complejidad de los detalles, la
presencia del agua en espejos y caminos, el patio central y el uso de
materiales como la piedra y el ladrillo. Varios años después, esa influencia
mudéjar, combinada con su admiración por la arquitectura prehispánica, daría
forma a sus edificios.
A su regreso a Colombia Salmona tuvo la sabiduría de incorporar nuevos
elementos a los conceptos del modernismo. De su maestro conservó la
racionalidad y la funcionalidad de la arquitectura, pero les imprimió un
sentido humano y cultural a sus edificios. Fue así como desarrolló una
arquitectura sustentada en la relación con el entorno, los factores
ambientales y las complejas necesidades de quienes habitan los edificios.
Esa postura adoptada por Salmona, que se conoce como Posmodernismo, también
tuvo exponentes como Richard Meier en Estados Unidos y Álvaro Siza en
Portugal.
El ladrillo, siempre el ladrillo
Por más de tres décadas construyó varias de las obras más importantes del
país con el sello inconfundible del ladrillo. El uso de este material en la
mayoría de sus edificios le permitió cambiar la cara gris característica de
Bogotá por una más cálida y colorida. El conjunto multifamiliar del Polo
Club, que diseñó con el arquitecto Guillermo Bermúdez; las Torres del
Parque, la Nueva Santafé, la sede de la Sociedad Colombiana de Arquitectos,
la Universidad Distrital, el Archivo General de la Nación, el Edificio de
Posgrados de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, la Biblioteca
Virgilio Barco y el eje ambiental de la Avenida Jiménez en Bogotá, son sólo
algunas de las obras más importantes que hacen parte del legado que Salmona
le deja a Bogotá, su ciudad. La Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena, una
propuesta hecha en piedra coralina en donde exploró al máximo los elementos
representativos de la arquitectura morisca, es quizá su proyecto más
destacado fuera de la capital.
Por esa inmensa obra recibió premios como la medalla Alvar Aalto, la medalla
Manuel Tolsá de la Universidad Autónoma de México, el premio a la
Trayectoria Profesional en Arquitectura de la II Bienal Iberoamericana de
Arquitectura y cuatro Premios Nacionales de Arquitectura en Colombia.
Además, fue designado miembro honorario del Instituto Americano de
Arquitectos.
La mayoría de estudiantes de arquitectura en Colombia ha estudiado en algún
momento de su carrera los planos, libros y bocetos de Rogelio Salmona. Los
peatones del común también viven a diario el placer de caminar por los
espacios generosos y hermosos que rodean todos sus edificios. Ahí radica el
verdadero legado que Rogelio Salmona les ha dejado a las ciudades
colombianas. “La ciudad no es una retahíla de edificaciones, sino la
creación más espiritual de nuestra civilización y, con el lenguaje, la más
grande obra de arte creada por el hombre. Es el lugar de la cultura, el
espacio público por excelencia, el lugar de la civilización”. Estas palabras
dichas por Rogelio Salmona demuestran la carga poética que ha acompañado y
seguirá acompañando por siempre a sus edificios. Paz en su tumba.
Más información:
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Se nos fue Rogelio Salmona, por Ramón Gutiérrez
Se nos fue
Rogelio Salmona, sin dudas una de las figuras señeras de la arquitectura
universal y el mejor de quienes han sobrepasado el siglo de la modernidad y
su decadencia posmoderna en nuestro continente.
Hablar de arquitectura latinoamericana ha sido desde hace décadas hablar de
Rogelio Salmona cuya visión continental alentó de las más diversas maneras.
Fue el dinámico motor de los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana
(SAL) imponiendo ese carácter movimientista que, a soslayo de cualquier
organización formal, nos ayudaba a encontrar siempre puntos de apoyo que nos
permitieran reunirnos para reflexionar, discutir y aprender.
Hablar de la arquitectura de Salmona es recalar en las búsquedas de un
lenguaje propio, asentado en las potencialidades expresivas de los
materiales tradicionales que manejaba con sofisticación artesanal.
Preocupado por los temas ambientales, por las demandas sociales y por los
equipamientos urbanos, Rogelio dio su vida profesional a la causa de
proponer caminos alternativos para nuestra arquitectura.
Formado en el Taller de Le Corbusier y en los cursos de Pierre Francastel,
Rogelio asumió las contradicciones que la visión eurocéntrica le planteaba y
buscó superarla en un conocimiento acucioso de su realidad colombiana y
continental. Ayudó a los más jóvenes. Difundió ideas y dio testimonio de su
pasión profesional y de su amor por la arquitectura trabajando
infatigablemente hasta el último respiro, con las dificultades que su dura
enfermedad le fue generando.
Pero sobre todo se nos fue el amigo solidario, el sabio que sabía por la
experiencia y la reflexión, el compañero entusiasta y temperamental, el
mentor de muchas de nuestras iniciativas colectivas. Rogelio fue mucho más
que un notable arquitecto, fue un excepcional ser humano que valoramos y
quisimos en la coincidencia y en la disidencia. Esa misma disidencia que me
lleva hoy a rezar una oración a mi Dios (en el cual Rogelio no creía) porque
sé que mirará todo el bien que Rogelio ha dado a tantas personas de este
continente que disfrutan de su arquitectura y la inmensa cantidad de
inolvidables momentos que nos fue deparando a quienes tuvimos la dicha de
tratarlo. Insisto, era el Mejor de Todos. Lo extrañaremos hasta lo
indecible.
Arq. Ramón Gutiérrez
Adiós al maestro
El arquitecto Rogelio
Salmona dejó para la posteridad una obra sólida que adquiere más valor e
importancia con el paso de los años.
Fecha: 10/06/2007 -1327
La muerte del arquitecto Rogelio
Salmona marca el final de su vida, pero también consolida un mito que se
comenzó a edificar en Bogotá a partir de los años 70. Lo anterior se basa en
una premisa: la buena arquitectura es como los vinos. Mejora a medida que
envejece y sólo la arquitectura que trasciende en el tiempo es la que se
vuelve indispensable. Esto es lo que ha caracterizado buena parte de la obra
de Rogelio Salmona, quien falleció el pasado miércoles 2 de octubre a los 79
años de edad.
Fue un arquitecto que en más de una ocasión nadó contra la corriente del
facilismo. El diseño y la construcción de las Torres del Parque, en Bogotá,
su obra maestra, generaron toda clase de controversias porque en su momento
se consideraba impensable que un proyecto masivo destinado a las clases
medias fuera más allá de la premisa de “suplir las necesidades básicas” (la
norma suprema de la utopía modernista) y también pensara en el goce estético
de sus habitantes y sus vecinos, en el respeto por el espacio público
circundante. Una obra maestra que respeta no sólo la topografía, sino
también los valores culturales de la ciudad. Porque, como decía él mismo,
“la arquitectura es ese punto donde se une la geografía con la historia”.
En su obra confluyen dos influencias antagónicas. Por un lado, el
racionalismo extremo de Le Corbusier, y por el otro la arquitectura orgánica
de Frank Lloyd Wright, lo que dio lugar a la aparición en Bogotá, a finales
de los años 50, de la llamada “arquitectura de lugar”, a la que se apegaron
no sólo sus contemporáneos Fernando Martínez, Enrique Triana y Guillermo
Bermúdez, sino exponentes destacados de al menos dos generaciones
posteriores de arquitectos que se han encargado de comprobar la vigencia de
sus postulados.
Ahora les corresponde a quienes
administran las ciudades defender con decisión este legado. Sus edificios no
deben sucumbir ante el apetito voraz inmobiliario que ya se llevó por
delante decenas de edificios de Fernando Martínez, Leopoldo Rother y otros
maestros de la escuela moderna nacional. El mejor homenaje que se le puede
rendir a Salmona es defender estos grandes ejemplos de la edad de oro de la
arquitectura moderna en Colombia y hacer de la arquitectura un oficio más
cercano al arte y al interés público que a los intereses monetarios.
Más información:
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Hacedor de ciudades
A los 78 años, víctima de un
cáncer, murió, el pasado miércoles, el arquitecto colombiano Rogelio Salmona,
uno de los más prestigiosos urbanistas suramericanos.
María Isabel Abad /
Colaboradores: Natalia Ucrós y Roberto Bermúdez
El arquitecto colombiano más
destacado de los últimos tiempos falleció el pasado miércoles en Bogotá.
Como un homenaje a su obra, un legado de creatividad y talento que también
supo expresar en sus opiniones y comentarios, El Espectador reproduce
apartes de una de sus últimas entrevistas, concedida a la publicación Envés,
para su edición en Revoluciones de noviembre de 2002.
Temeroso de las palabras grandilocuentes, de los elogios y de la fama, el
maestro Rogelio Salmona siempre se resistió a denominar su profesión como
revolucionaria, así todas sus respuestas sobre el qué, cómo, cuándo, dónde y
por qué de la arquitectura constituyan la base de un credo político y un
permanente llamado al arte. Por esa doble condición, fue un creador de
patrimonios.
¿Qué es la ciudad?
Es con el lenguaje el más grande invento que ha tenido el hombre, sin la
ciudad estaríamos viviendo todavía en la barbarie. Es el sitio del
conocimiento, el sitio de las ideas, el sitio de la comunicación, el sitio
de la habitabilidad por excelencia. Eso no quiere decir que no se pueda
vivir fuera de las ciudades pero son estas el lugar de las civilizaciones.
¿Puede ser la arquitectura revolucionaria?
Claro que no. Eso no tiene ningún sentido. La arquitectura puede
transformar. Es como decir: ¿la poesía podría ser revolucionaria? Puede que
incite, que trasforme, que trate de cambiar las maneras de ver. Ser
revolucionaria es hacer un cambio radical de las estructuras tanto
ambientales como políticas. No es el objeto de la arquitectura hacer eso. Yo
creo que el arte en general, se usa para crear ideas, emociones. Es otra
cosa. Las revoluciones las hacen los hombres con las ideas.
¿Y al interior de la profesión?
La tecnología sí puede revolucionar la misma arquitectura y producir
cambios en la espacialidad . Esos cambios o tendencias afectan toda una
manera de pensar dentro de la arquitectura pero eso no afecta la sociedad
entera. La arquitectura no tiene como objetivo hacer una revolución, que
entendida políticamente es un cambio de un sistema político-económico por
otro, eso se puede hacer con las ideas y dentro de las ideas estaría la
cultura. Las ideas de la iluminación en el siglo XVIII, hicieron que se
produjera la revolución Francesa en 1793. ¿Quién hizo esa revolución? las
ideas. La arquitectura se manifestó, pero en sí misma no era revolucionaria.
La arquitectura que se hace después de una revolución puede ser la misma que
había en el régimen anterior.
No hubo revolución ni cuando se pasó de la ciudad medieval a la barroca.
Cuando se pasó del régimen zarista al soviético lo que hizo Stalin fue un
retroceso en la estética. En Bilbao, actualmente no se está produciendo una
revolución sino una serie de transformaciones tradicionales. Ni siquiera
cuando se pasó del edificio gótico con andamios, al edificio sin ellos de
Santa María de las flores en Florencia, hubo una revolución.
¿Qué tan dependiente es la arquitectura del poder?
Es dependiente, es muy dependiente, es uno de sus problemas justamente.
Históricamente el poder; el príncipe, es el que ha creado la arquitectura,
inclusive las mejores arquitecturas. Pero eso no quiere decir que se acepte
el poder, uno puede trabajar para el príncipe de ahora, ya sea capital
privado, capital público, pero hay maneras de resistirse.
¿Con cuáles premisas éticas resistirse?
Primero que todo, la arquitectura es una ética, fundamentalmente una ética.
En el sentido en que trabaja hoy, con los medios de hoy para el futuro, que
se conoce porque se conoce la tendencia, se conoce la historia y se sabe
cómo ha ido evolucionando y qué es lo que puede pasar en los próximos años.
Es decir; la ética consiste en hacer un proyecto que se hace hoy que pueda
servir a los de mañana. Uno no puede hacer un proyecto de hoy para hoy, que
es lo que hace el capital, el gran capital. Uno es dependiente del gran
capital, pero uno hace resistencia, por medio de la cultura, por medio del
conocimiento, por medio de la imaginación, de la inventiva. Uno va más allá
del hecho constructivo, cuando se trata de arquitectura verdadera, cuando es
arquitectura, porque no puede haber arquitectura falsa y arquitectura
verdadera.
¿Cómo le llama a la arquitectura que no perdura?
Bueno, son sólo construcciones. Pero la arquitectura debe trascender el
hecho constructivo y para trascenderlo debe haber una ética que lo logre y
lo logra cuando puede emocionar a los habitantes; a los de hoy y a los de
mañana. Las grandes obras de la humanidad; de pintura, de escultura, de
arquitectura, literarias; son obras que conmueven, es su objetivo
Si la arquitectura es arte, ¿debe resistir el paso del tiempo?
Es que tiene que perdurar. No generalicemos demasiado. El problema en países
más ricos, más industrializados, es distinto. Allá la arquitectura puede ser
mucho más efímera. Para nosotros en países pobres y atrasados como los
nuestros(no eso de en vía de desarrollo) no se puede hacer ese gasto inútil
de que las cosas duren poco tiempo. Eso hace el capital entre otras;
edificios que le sirven momentáneamente para buscar renta y si esa renta
disminuye o el valor del suelo disminuye lo tumban y vuelven a hacer otro,
es decir, no les perdura, no les importa. Ya lo había dicho Marx: todo lo
sólido se disuelve en el aire.
Ya situó a la arquitectura en el tiempo. Ahora, sitúela en el espacio; ¿le
apuesta a una arquitectura universal o local?
Yo creo que la arquitectura tiene significado social e histórico y de ahí me
parece que es su importancia. La arquitectura es la zona de confluencia
entre la historia y la geografía y por eso debe ser el resultado de un
proceso histórico y está puesto en un lugar geográfico determinado. De esa
confluencia resulta una arquitectura que es finalmente un lugar habitable
para esa historia, para ese desarrollo, para esa geografía y para esa
sociedad por consiguiente. El lugar habitable, nace de esa comprensión del
sitio que se logra porque se tiene un gran conocimiento de la geografía, de
la ecología, de la topología, de la historia y naturalmente de los
habitantes.
Le Corbusier era de otra tesis ...
El era un hombre de comienzos del siglo pasado y del antepasado, fue el
resultado de todo un movimiento del siglo XIX, de las grandes obras que se
hicieron en ese siglo. Fue un hombre que produjo una serie de cambios muy
importantes en la estética, en la construcción de la ciudad, en la manera de
ver la espacialidad y en las tecnologías, impresionante. Creó un movimiento
y una arquitectura muy apropiada para la Europa de los años treinta,
cuarenta, cincuenta, sesenta y para los años después de la guerra.
Pero trasladó ese modelo a América latina. ¿Esto le parece cuestionable?
Sí, el modelo que el trató de aplicar era el mismo modelo que aplicó en
Francia particularmente. Eso es cuestionable naturalmente. La arquitectura
no puede ser una cosa impositiva, debe ser más fluida con la gente. Debe
ayudar a transformar, a mejorar la habitabilidad pero no se puede ni se debe
imponer.
¿Cómo conciliar la tensión entre lo público y lo privado?
No hay tensión. Lo fundamental es lo público. La arquitectura aunque sea
hecha en forma para resolver necesidades privadas, está hecha en el espacio
público.. La esencia de la ciudad es su espacio público y lo que lo compone
son además de las instituciones, la arquitectura que es la que conforma la
espacialidad de la ciudad. Por consiguiente, si se construye en un espacio
privado, su contacto, su límite, su zona de confluencia es la fachada que ya
le pertenece a la generalidad de la ciudad. El respeto que se debe tener es
sobretodo hacia lo público que somos todos.
¿Hay en el gremio de arquitectos una negligencia y desinterés a la hora de
construir vivienda social?
Bueno, no solamente desinterés sino un total irrespeto. Pero llamémosla
mejor vivienda para un mayor número de personas, porque toda vivienda es
social, tanto la del rico como la del pobre. Hay países en donde la vivienda
de los pobres es mucho más digna que la nuestra, la nuestra en el fondo son
ratoneras, es una vivienda muy irrespetuosa, no se compagina a las
necesidades realmente humanas. Fuera de que el constructor, ya sea
particular o público lo que hace es ganar dinero con el dinero de los pobres
que es una gran contradicción. Al Estado le corresponde regular esa
actividad constructiva que se hace para ganar dinero bajo el pretexto de
estar haciendo una vivienda de interés social. Este tipo de vivienda, forma
parte del mayor hecho constructivo que puede tener una ciudad y al hacer una
mala vivienda se está deteriorando una parte importante de la ciudad.
¿Cree que Bogotá es amable para los niños?
No. En lo más mínimo. Ni para los ancianos, ni para la gente normal. El
egoísmo de lo privado impidió una espacialidad mejor, en esta ciudad no se
pensó en lo público en los últimos 60 años. La ciudad fue hecha para
resolver problemas de negocio, problemas especulativos. No se hizo una
ciudad para el bienestar, para la alegría, tanto de los niños, de los
adultos, de los viejos. Se perdió lo que era el sentido de la ciudad;
alguien decía que se dejaron de hacer obras para hacer productos mercantiles
y entonces ahí empezamos a padecer la ciudad. Pero ya se han hecho cambios.
¿Gracias a quién?
Eso no lo hacen dos, tres o cuatro personas, lo hace toda una necesidad
social. Ahora surgieron una serie de alcaldes, de concejos, que han
entendido y que han tratado de modificar las condiciones sociales y
ambientales y el significado que tiene la política en la ciudad. Jaime
Castro, Antanas Mokus, Enrique Peñalosa son los tres alcaldes que han
ayudado a ese cambio y eso repercute en todo el país.
¿Cuál ha sido el cambio fundamental?
La recuperación del espacio público, que se manifiesta en la creación de
nuevos colegios, de bibliotecas públicas, de edificios públicos. Si el
espacio público es la esencia de la ciudad, la esencia del éste es el
edificio público. Ha habido una mejoría, ha habido un cambio en las
condiciones ambientales, espaciales y sicológicas de la gente. Ya en Bogotá
se piensa y se ve distinto. Lo noto cuando voy a caminar por la Biblioteca
Virgilio Barco y hasta los niños se me acercan, hace treinta años, cuando
construí las Torres del Parque, nadie se manifestó.
¿Qué papel tiene que jugar la arquitectura en ese cambio fundamental?
La ciudad colombiana, la ciudad en general de la modernidad aunque no se
puede generalizar, dejó de ser una unidad espacial como lo era antes. La
ciudad de la modernidad es una ciudad que se ha ido fragmentando en
distintos espacios.
El gran problema hoy para su rehabilitación es justamente cocer, ligar, unir
toda esa fragmentación y eso sólo adquiere coherencia por medio de la
arquitectura. La arquitectura debe producir un cambio en la manera de
enfocar el problema de la ciudad a lo que se estaba haciendo antes. Si
pudiera no sería una revolución, sería una transformación de las malas
condiciones y de los errores que se han ido acumulando. Eso a largo plazo
podría crear una revolución pero la revolución no se hace solamente con la
arquitectura.
¿Es la arquitectura una herramienta para democratizar?
Sin duda es una herramienta fundamental para muchas cosas; para
democratizar, para crear más tolerancia para crear zonas de encuentro, zonas
donde haya más comunicación entre la gente, para evitar la segregación, tan
característica de las ciudades colombianas. Eso debe hacerlo la
arquitectura, la prueba son los espacios públicos que hay en Bogotá, las
bibliotecas, donde va todo el mundo, ricos y pobres, más pobres que ricos,
porque los ricos tienen las biblioteca en sus casas.
Pero los hijos de estos sí van porque van al lugar donde está el libro pero
van para ver el monumento, para recorrerlo, para errar, que es una necesidad
de la gente. Es que la gente va a errar ahora a los centros comerciales en
donde la sociedad de consumo los sublima para que compren toda una serie de
artículos que no le sirven para nada.
Si los edificios públicos como las bibliotecas crean ese nuevo hábito y se
produce un cambio de las costumbres, puede obligar a la gente no tanto a
llegar a la sociedad de consumo sino a consumir la lectura, el libro y el
conocimiento y eso sí puede producir un cambio fundamental, no sé si
revolucionario pero sí fundamental.
Ya lo han dicho los sociólogos ese habitus nuevo es necesario crearlo,
fomentarlo, inducirlo y sólo se puede hacerlo con espacios públicos que no
pueden ser espacios vacíos sino llenos, ya sea con bibliotecas, parques,
centros de recreo y todo lo que uno se pueda inventar para que ese cambio
fundamental en la sociedad se de, y así contrarrestar esa sociedad de
consumo. Eso lo dijo Saramago en la Caverna.
¿Luego, un centro comercial no es arquitectura?
Sí, lo que pasa es que el centro comercial tiene un significado comercial e
induce a una cierta actividad y los edificios públicos inducen a otras
actividades. En este momento en Colombia sólo se induce a la actividad
comercial, ni siquiera a la recreativa. Si el centro comercial es una buena
arquitectura y crea emociones, porque no todos ellos crean emociones sino un
aburrimiento absoluto y una alineación permanente, pues magnífico, pero no
quiere decir que lo otro no sea lo fundamental. Lo que yo digo es crear los
elementos que contrarresten la dictadura del centro comercial en la vida
urbana colombiana. Lo que digo es que tiene que haber en la ciudad lugares
donde se pueda consumir hechos culturales, que son fundamentales para el
desarrollo armónico de una sociedad.
¿Cómo hacer para que las ciudades no opaquen las regiones?
La ciudad no vive sola, vive en una región. No es concebible un campo
atrasado y una ciudad adelantada. Hubo una mala gestión política a la hora
de crear los planes de ordenamiento territorial que exige para cada ciudad
la constitución del 1991 que tratando de resolver un problema de la ciudad
se olvidó de la región. La prueba es que los planes de ordenamiento
territorial se hacen sin tener en cuenta un plan de ordenamiento regional,
más aun, no hay un plan de ordenamiento nacional. Hay un olvido completo de
lo que es la ciudad y su región y de lo que es la región y su nación.
La sabana de Bogotá, por ejemplo, es un ente geográfico trascendental en el
país, está constituido por la capital y por siete ciudades; cada una de
ellas tiene un plan de ordenamiento territorial, que va en contradicción con
los de las ciudades que están al lado.
Chía, a 30 Km. de Bogotá, prohíbe en su plan que haya vivienda de interés
social porque ésta paga menos impuestos. Eso quiere decir que lo pobres no
van a poder vivir en Chía, como eso es imposible, entonces habrá invasión
de los espacios públicos nacionales como es el río y el piedemonte y de las
zonas que no se pueden controlar en la misma Bogotá. Por querer mejorar las
condiciones físicas y ambientales lo que hicieron fue empeorarlas.
¿Con cuál de las ciudades invisibles se queda?
Con todas. Es imposible decir cuál. Un día me preguntaron: ¿ Cuál es su
árbol preferido? Dije que todos.
Definiciones de arquitectura:
- Una manera para que la gente sea feliz.
- La arquitectura es el hecho patrimonial por excelencia por ser el lugar
del recuerdo. Es a través de un portal, de un quicio donde ha
circulado la historia.
- El objetivo de la arquitectura es crear emociones, crear alegría,
habitabilidad, enraizar, hacer ciudades.
- Es una fuente de conocimiento y el amor nace del conocimiento.
- La arquitectura es una ética, fundamentalmente una ética.
- Es la zona de confluencia entre la geografía y la historia.
- La arquitectura es la que debe cocer el interior de las ciudades que está
completamente fragmentado.
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Rogelio Salmona murió
El arquitecto colombiano, quien
nació en París en 1929, es uno de los puntales de la nueva arquitectura
latinoamericana.
El nombre de Rogelio Salmona simboliza lo mejor de la rica arquitectura
colombiana. Pocos hombres como él tuvieron el talento para complementar los
paisajes nacionales con sus magníficas obras.
Tras una prolongada lucha contra el cáncer, el creador falleció el 4 del
corriente, a los 78 años de edad.
Nacido en París en 1929, siempre
se consideró un colombiano más, pues siendo niño llegó al país.
Su huella se aprecia en edificios como el Museo de Arte Moderno de Bogotá,
la Casa de Huéspedes Ilustres en Cartagena, el Archivo
General de la Nación y el Edificio de Posgrados de la Universidad Nacional.
Salmona era uno de los arquitectos más destacados de América Latina. Había
recibido el premio Alvar Aalto, el segundo más importante del mundo en su
campo. Y estaba por recibir el homenaje ArpaFIL, que es entregado cada año
en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
Salmona estudió arquitectura en la Universidad Nacional y pasó casi 10 años
en París, en el estudio de Le Corbusier (Charles Edouard Jeanneret-Gris).
“Más allá de que era un monstruo intelectual -dice el arquitecto Jorge
Pérez-, Rogelio era un ejemplo de humanidad. Era un maestro en todo lo que
hacía. Cada comentario era una lección”.
Según un perfil suyo escrito por el arquitecto y crítico Alberto Saldarriaga,
“la primera de sus obras que causó impacto en el medio profesional fue el
conjunto de apartamentos El Polo, proyectado con el arquitecto Guillermo
Bermúdez Umaña en 1959 (...). El tratamiento urbanístico del conjunto, la
volumetría de los edificios, el uso masivo del ladrillo y el tratamiento del
espacio interior de las viviendas fueron insólitos en su momento y abrieron
posibilidades para nuevas exploraciones arquitectónicas”.
Su primera obra de repercusión internacional -proyectada entre 1964 y 1970-
fue el conjunto de apartamentos de Las Torres del Parque, “polémico por su
planteamiento formal, basado en una geometría radial, en el escalonamiento
volumétrico y en el enriquecimiento mediante balcones de la textura visual
de los edificios”, agrega Saldarriaga.
El arquitecto y periodista Andrés Ramírez destacó que, aparte de su obra,
también es importante que “deja toda una escuela de arquitectos jóvenes que
están en gran producción. Enseñó a tres generaciones”, dijo.
“No me atrevo a enseñar”, dijo a El Tiempo en una de sus últimas
entrevistas. “Siento que me estoy equivocando. El diseño es una poética.
¿Cómo transmitirlo?”.
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