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Tadao Ando: poesía en hormigón
Obstinado y de
mal genio –como él mismo se define–, este japonés nacido en Osaka, en 1941,
es un verdadero autodidacta dedicado a aprender la arquitectura. Lo hizo
recorriendo templos, santuarios, casas de té y a través de viajes por Estados
Unidos, Europa y África. Si bien es uno de los máximos exponentes de la
arquitectura de los últimos tiempos, es un gran defensor del regionalismo,
oponiéndose a la invasión indiscriminada de la arquitectura moderna en todas
las culturas del mundo. Tadao Ando sostiene que la arquitectura debe ser el
resultado de un encuentro entre el razonamiento lógico y la creación que
resulta del uso de los sentidos. No alcanza sólo con el conocimiento y la
respuesta lógica al programa, pero tampoco con mera sensibilidad es posible
satisfacer las demandas que nos hace la realidad.
Entre Japón y el mundo
En toda su obra combina formas y materiales de la arquitectura moderna con
principios, estéticos y espaciales, de la cultura japonesa, especialmente en
la forma que integra los edificios con su entorno natural. El uso del
hormigón armado, con las marcas del encofrado es el sello que deja en su
arquitectura.
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Su carrera como arquitecto se inicia en 1970 cuando se instala en su ciudad
natal con “Tadao Ando Architect & Associates”. Sus primeros diseños son
casitas de madera, interiores y muebles, pasando luego a edificaciones más
importantes. En 1979 su casa Row, un apartamento de hormigón situado en una
manzana de viviendas tradicionales japonesas, se convierte en un verdadero
referente de su arquitectura. En 1981, sucede algo similar con la casa Rokko,
en Hyogo.
En los años ’80, Tadao Ando consolida su reputación internacional con
edificios como su iglesia en el agua (Hokkaido, 1988); la Iglesia de la Luz
(Osaka) y el Museo de los Niños (Himeji, 1990). Pero, a pesar de ser ya bien
conocido fuera de Japón y de haber dictado clases en Estados Unidos, se iban
los ‘80 y no había realizado ningún proyecto fuera de su patria.
En 1992 es el responsable del famoso Pabellón de Japón para la Expo '92 de
Sevilla, resuelto todo en madera y siguiendo la tradición constructiva
japonesa. Allí demuestra su capacidad para trabajar con otros materiales,
además del hormigón. Por la misma época construye el centro para seminarios
de Vitra, donde su obra se encuentra junto a edificios de Grimshaw, Gehry,
Hadid y Siza.
Entre los edificios diseñados en esta última década, se destacan el museo
histórico Chicatsu-Asuka y el espectacular museo Suntory (Osaka, 1992-94); el
Museo de la Madera (Mikata-Gun, Hyogo, 1993-94); la fábrica en el centro de
investigación Benetton (Treviso, Italia, 1993-95); el pequeño pero monumental
espacio de meditación levantado en la sede de la Unesco (París, Francia,
1995); la sede de la Pulitzer Foundation for the Arts, en St. Louis, USA, y
su participación en el concurso para el diseño de la Tate Gallery of Modern
Art (Londres, Inglaterra, diseño: 1994-95).
Luz, viento y lluvia
Ando sostiene que la arquitectura sólo se completa con las vivencias del ser
humano. Considera que en la cultura contemporánea, invadida por el mundo
electrónico, los espacios deben ser un refugio para el espíritu. Piensa que
lo más importante es el universo de imaginación y ficción contenido en la
arquitectura.
Si bien se mantiene siempre dentro de la tradición compositiva moderna, su
énfasis por el contexto geográfico y natural, así como el peso de su herencia
histórica y cultural, son los pilotes sobre los que funda toda su obra. La
naturaleza es una de las principales inquietudes de Ando, que intenta siempre
integrarla con el interior de sus construcciones, a través de patios o
jardines que incorporan luz, ventilación y lluvia, elementos que ya no
encontramos en la arquitectura de nuestro tiempo.
Si bien utiliza los conceptos de la arquitectura japonesa, sus espacios
tienen más de encierro que de abertura. Utiliza las formas puras y la luz
natural para articular los espacios, y las sombras para suavizarlos y
envolverlos. El uso de paredes de concreto, marcos, cámaras, vidrios,
ladrillos, piedras y elementos naturales revelan un sentido del orden. Tadao
Ando usa paredes muy sólidas para delimitar los espacios humanos, desviando a
sus edificios del caos urbano circundante desde afuera y encerrando espacios
muy privados desde el interior. Una frase de este arquitecto japonés define
toda su obra: "No creo que la arquitectura tenga que hablar demasiado. Debe
permanecer silenciosa y dejar que la naturaleza guiada por la luz y el viento
hable".
El reconocimiento
Tadao Ando es el arquitecto más reconocido. Recibe la Medalla Alvar Aalto, de
la Asociación Finlandesa de arquitectos (1985) y la Medalla de Oro de la
Academia Francesa de Arquitectura (1989). En 1991 el Museum of Modern Art de
Nueva York expone su obra. En 1992 es galardonado con el prestigioso Premio
Carlsberg y nada menos que el Pritzker en 1995. En 1996 llega el Premium
Imperiale y en 1997 la Medalla de Oro del Royal Institute of British
Architects. Y la lista continúa.
ORIGINAL OBRA
EN OSAKA, JAPON
Paredes de agua
Lo nuevo de Tadao Ando: un museo cuyas instalaciones conducen al visitante
a través de varias cascadas. El proyecto es un manifiesto sobre la austeridad
arquitectónica. Por Silvina Marino
Una vez más, Tadao Ando es fiel a su propia arquitectura: las rigurosas
proporciones, la ascética sobriedad, las formas geométricas simples y un
material fetiche —el hormigón— vuelven a la carga en la última obra del
arquitecto japonés. Pero, como en todas sus construcciones, en el Museo
Sayamaike, en Osaka, Japón, lo más sorprendente es lo que logra en quienes
visitan el edificio: aquello que los críticos califican como "tranquilidad
contemplativa".
En un mundo cargado de estímulos acústicos y visuales y lleno de colores
estridentes y materiales rimbombantes, la obra de Ando podría parecer, a
simple vista, demasiado austera, casi pobre. Sobre todo, si se la
compara con otros edificios de moda y totalmente distintos, como las
creaciones deconstructivistas de Frank Gehry y Daniel Libeskind o las
supertecnológicas de Norman Foster y Jean Nouvel. Sin embargo, las
construcciones del autodidacta japonés tienen algo aún más llamativo: un aura
especial. Y su riqueza reside en el mensaje de paz que transmiten al
ser recorridas. Esto sucede también en Sayamaike donde, más allá de lo
exhibido, la estrella es el edificio en sí mismo.
Se trata de una obra destinada a exponer una sección transversal excavada en
un dique cercano. También muestra varios materiales y objetos históricos
descubiertos durante la excavación arqueológica del antiguo lago de
irrigación del Japón, conocido con el nombre de Sayamaike.
INGENIERIA JAPONESA. Las obras de excavación se remontan al año 1993,
cuando dejaron al descubierto los restos de un antiguo dique utilizado
entre los siglos XII y XIV. Posteriormente, las excavaciones revelaron una
crónica de las reparaciones y mejoras que se habían hecho allí desde la
antigüedad hasta la edad moderna. En estas reformas se encuentra la historia
de la tecnología de la ingeniería civil japonesa. Además, el lugar
tiene importancia para la historia del Japón, porque desde su construcción,
el lago Sayamaike —que tiene una circunferencia de 3,5 kilómetros— fue un
elemento indispensable para la vida cotidiana y la agricultura de la
población cercana.
Por eso, la arquitectura ideada por Ando abarca las instalaciones
encontradas, con el objetivo de que el entorno forme parte del museo y éste
se ponga a tono con la grandeza histórica del lugar.
El minucioso lenguaje arquitectónico del autor y su búsqueda de una
geometría pura se tuvieron que adaptar a la complejidad de una excavación
y a las instalaciones hidráulicas usadas para controlar las vías de agua de
la zona. En realidad, en lugar de un edificio, Ando creó un paisaje
arquitectónico complejo, que puede ser rodeado o atravesado.
En el lado norte del lago, las instalaciones del museo se construyeron bajo
tierra, unos 15 metros por debajo del nivel superior de la ribera. La
sección que se excavó tiene 60 metros de largo.
En cuanto a las salas de exposición, son a medias subterráneas y Ando las
dispuso de manera tal que hubiera una continuidad con la ribera. De este
lado, la entrada al museo se presenta a través de los niveles superiores. En
tanto que del otro lado, el museo parece un acantilado que es
necesario escalar.
El corazón del edificio es un patio acuático rectangular al aire libre,
dispuesto en forma paralela a las salas de exposición (ver plantas, en la
página 5). Al patio se desciende por una escalera doble esculpida en
el hormigón. Antes, el visitante atraviesa una serie de patios y paredes
virtuales.
Una vez abajo, en el nivel del patio acuático, los visitantes descubren que
el agua cae de dos falsas paredes enfrentadas de hormigón. La mitad inferior
de estas paredes está más retirada y, de esta manera, ofrece un paseo
detrás de la cortina líquida. Un tambor circular al aire libre se une al
patio de agua por un extremo y una rampa elíptica asciende hasta la entrada
del edificio. En el hall se encuentran diagramas interactivos que
explican la historia del lugar y la forma de utilización de diques, bombas y
canales para controlar el agua.
Los críticos coinciden en que, más allá de los montículos de barro, las
maderas rústicas y las piedras que constituyen el grueso de lo exhibido en el
museo, el mayor logro de Ando es que la construcción se haya convertido en
una "demostración simbólica de la capacidad humana de controlar el
agua", como publicó la revista italiana Domus.
La arquitectura de Ando sigue, otra vez, la famosa máxima de Mies van der
Rohe, "menos es más". Se trata del uso de casi un único material de
construcción: el hormigón. Pero además, en este museo del agua Tadao Ando
brinda una nueva respuesta sensible al ambiente urbano japonés, en la
que se potencia la conexión con el paisaje.
Más información:
smarino@arq.clarin.com.ar
TADAO ANDO,
Biografía
Tadao Ando
nació en Osaka, Japón en 1941. Allí creció pasando gran parte de su tiempo en
la calle y educado por su abuela materna, de apellido Ando. Desde los diez
años aprendió a trabajar la madera con un carpintero local. "Nunca fui un
buen estudiante. Siempre preferí aprender cosas por mi cuenta fuera de la
clase. Cuando tenía alrededor de dieciocho años, empecé a visitar templos,
santuarios y casas del té en Kyoto y Nara, donde hay gran cantidad de buena
arquitectura tradicional. Fui estudiando arquitectura visitando edificaciones
actuales y leyendo libros acerca de éstas", como el libro de Le Corbusier que
compró: "redibujé los diseños de su primer período tantas veces que emborroné
las páginas", dice Ando.
Luego de
haberse dedicado como boxeador, Tadao Ando realizó varios viajes a Estados
Unidos, Europa y Africa entre los años 1962 y 1969, período que se considera
como el de su aprendizaje autodidacta de la arquitectura.
En 1969 funda
Tadao Ando Architect & Associates en Osaka. "mis primeros intentos de diseño
fueron de casitas de madera, algunos interiores y muebles. No hice mi
aprendizaje con otro arquitecto porque cada vez que lo intentaba me despedían
por mi obstinación y mal genio". A los seis años de fundar su empresa, gana
un premio de la Asociación Japonesa de Arquitectura por la Row House (casa
Azuma) de Sumiyoshi, primer proyecto que atrae la atención pública sobre él.
Con el complejo de viviendas Rokko (1978-81), se evidencia de que por
entonces su fama como arquitecto habÌa desbordado el ámbito local.
La década de
los ochenta le sirve a Tadao Ando para consolidar su reputación
internacional, con edificios como su
Iglesia sobre el agua,
la
Iglesia de la Luz
o su Museo de los Niños. El auge de su fama se vio reconocido cuando en 1985
recibió la Medalla Alvar Aalto de manos de la Asociación de Arquitectos de
Finlandia y en 1989 la Medalla de Oro de la Academia Francesa de
Arquitectura. A pesar de ser ya bien conocido fuera de Japón, y de haber
dictado clases en Estados Unidos -Yale (1987), Columbia (1988) y Harvard
(1990)-, concluía la década sin haber realizado ningún proyecto fuera de su
patria.
En 1991 se
montó una exposición de su obra en el Museum of Modern Art de Nueva York, que
llevó al Washington Post a elogiarlo como "uno de los más destacados
arquitectos vivos del mundo". En 1992 construyó el notable Pabellón de Japón
para la Expo'92 de Sevilla, que pone a prueba la capacidad de Ando de
trabajar otros materiales además del hormigón. Por la misma época construyó
el
centro para seminarios de
Vitra, donde su obra se encontraba junto a edificios de Grimshaw,
Gehry, Hadid y Siza. En 1992 recibió en Dinamarca el prestigioso Premio
Carlsberg, y el Pritzker en 1995, donde el jurado describió su trabajo como
"un ensamblado de sorpresas artísticas compuestas en espacio y forma... ambas
sirven e inspiran... nunca se habrá un movimiento predecible cuando uno se
mueve a través de sus edificios". Luego vinieron en 1996 el Premium Imperiale
y en 1997 la Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects. Ningún
otro arquitecto ha recibido todos estos premios, evidenciando esto el
carácter singular y único de los logros de Ando. Al respecto Ando comenta:
"Los premios no son en realidad tan importantes para mí, sobre todo en
comparación con lo que he construído. Me siento honrado al recibirlos,
naturalmente, pero pongo un esfuerzo consciente en mantener la atención
centrada en mi trabajo. Puede ser que los premios me hayan traído clientes
más prestigiosos, pero, curiosamente, esos clientes son a veces muy exigentes
y, en cierto sentido, debo esforzrme más para conseguir mis propias metas.
Para mí es de la máxima importancia mantener libre mi espíritu" (1996).
Entre los
edificios diseñados en esta última década, destacan el
museo histórico Chicatsu-Asuka
y el espectacular museo Suntory (Osaka, 1992-94), y entre sus obras más
recientes están el Museo de la Madera (Mikata-Gun, Hyogo, 1993-94), la
fábrica en el centro de investigación Benetton (Treviso, Italia, 1993-95), el
pequeño pero monumental espacio de meditación levantado en la sede de la
UNESCO (París, Francia, 1995), y su participación en el concurso para el
diseño de la Tate Gallery of Modern Art (Londres, Inglaterra, diseño:
1994-95).
RETRATO DE CERCA
por
Mauricio Herrera Palma
La mirada de
Ando es inteligente, sus manos gruesas, inquietas y tienen la elocuencia de
tanto para concluir sus oraciones como para gesticular construcciones
espaciales. La vestimenta oscura contrasta con la claridad, gracia y
cordialidad de su personalidad. En su discurso prefiere el diálogo que la
pausa; tiende a ser anecdótico, sencillo y curiosamente entretenido. Con un
criterio abierto y equilibrado logra matizar al amigo con el consejo, al
colega con la verdad y al maestro con el trabajo.
Su personalidad
es tan enigmática como su trabajo. La oportunidad de conocerlo implica
enfrentarse directamente con el mito, el estratega del espacio y el sujeto
universal. Estimula el respeto por la profesión, la admiración por las
personas que se entregan apasionadamente a las causas, la rebeldía que se se
provoca con sutileza y el no saber agotarse nunca.
Su primera
lección es viajar por el mundo; dice que no es posible entender el espacio si
no se han experimentado atmósferas diferentes a la propia; la segunda es la
lectura obligada del novelista Jun'ichiro Tanizaki, In'ei Raisan, (1937) -In
Paraise of shadows, traducción inglesa, 1977-, un ensayo de estética del
candidato a Nóbel de Literatura que se caracteriza por un profundo, casi
academicista interés por la cultura tradicional del Japón, mediante una
estructura narrativa oscura no convencional. La tercera, tal vez una de las
más importantes, es el sentido de compromiso, la responsabilidad de aprender
a valorar lo que es realmente necesario. Dar al ciudadano la oportunidad de
disfrutar el espacio y contexto urbano es una de sus mayores preocupaciones,
incluso a menudo diferenciado del criterio del cliente.
Conciente de
los mercados, Ando parece trazar una línea paralela al pensamiento global de
las tendencias arquitectónicas; no se permite ser clasificado o identificado
con una actividad que se expresa durante un cierto período sino como el
practicante que se proyecta suficientemente hacia adelante y hacia atrás para
poder adaptarse al verdadero paisaje actual.
Ando es también
una personalidad pública; admirado por representar el triunfo del hombre
común, sigiere la posibilidad de alcanzar un estatus al que cualquier persona
aún sin formación académica pero con esfuerzo y visión, puede llegar. Su
efecto se percibe en ámbitos variados: programas de televisión, en la
facultad como representante de academia, como promotor de renovaciones
urbanas, jurado de competencias y concursos de proyectos e ideas y más
recientemente como activista en planes de conservación natural.
Cosmopolita, su
aproximación estilística se sabe mantener distante de los extremos de
tradición japonesa, así como de la jerarquía perteneciente al caos
contemporáneo.
La obra y la
persona de Tadao Ando son el resultado de varias contradicciones: ligadas a
la tierra, a sus materiales y a sus cuatro estaciones, y ligada también a las
herencias de Occidente, pero al mismo tiempo sabiendo adaptarse al universo
del presente.
Más información:
http://www.geocities.com/arquique/ando/ando01.html
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