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Tradición y vanguardia
Dos antiguas
viviendas laterales fueron anexadas al edificio original para aumentar la
cantidad de salas y dotar al espacio de tecnología adecuada según los
estándares internacionales de exhibición
Casi por azar la
ampliación del edificio que desde hace más de diez años ocupa la Fundación
Proa en el barrio de La Boca consigue expresar en su arquitectura la meta
institucional. Por sus plantas irregulares y recortadas en forma de
sugestivos trapecios, la casona parece una verdadera obra de arte Madí, el
movimiento de ruptura nacido en Buenos Aires y que hacia 1945 intentó
acercar el arte argentino a las vanguardias internacionales.
Foto:Andrea Knight
Con esa misma
intención, la de poner a la ciudad a tono con los cambios tecnológicos y
culturales del siglo XXI, las autoridades de Proa le encargaron al estudio
de arquitectura milanés Caruso-Torricella un proyecto de restauración que
permitiera adaptar la estructura de la propiedad a los nuevos formatos y
lenguajes del arte contemporáneo, además de continuar con la tradición de La
Boca de vincular a los vecinos con el entorno urbano mediante la utilización
de la fachada y la linea municipal como espacio de experimentación. Una
serie de viejos adoquines de madera de caldén rescatados de un ferrocarril
delimitan la vereda de Proa e invitan a ingresar en el flamante recinto, que
extendió sus dominios gracias a la adquisición de dos propiedades linderas,
ambas de época, pero sin valor arquitectónico relevante.
La claraboya de hierro ya no tiene
forma de proa, pero lleva luz natural a la biblioteca Foto:Andrea
Knight
El proyecto apuntó
a mantener la geometría del edificio principal y a unificar el conjunto
tomando cada lote en forma independiente y conservando su estructura de
vivienda. Las casas de los costados fueron demolidas, lo que permitió pasar
de
Tradición y vanguardia Foto:Andrea Knight Sobre
los dos lotes anexados se emplazaron dos escaleras de hormigón, la del
acceso recorrida por un pasamanos embutido en la pared, que conectan las
tres plantas. En la parte baja se conservaron las columnas de fundición
originales; se ubicó la recepción y tres salas de exhibición, donde se
destacan los pisos de roble americano claro que, al no competir con los
muros blancos, unifican el ambiente.
La fachada de la casa principal conservaba sus ornamentos originales, y fue
restaurada por un equipo de especialistas Foto:Andrea
Knight
En la parte alta
se aloja otra sala de exhibición, el auditorio habilitado para funciones de
video, cine y actividades culturales como conferencias y seminarios, más una
gran biblioteca de doble altura de madera pintada, recorrida por una
pasarela, e iluminada por la luz natural que ingresa a borbotones por la
claraboya de hierro que remata el techo, y que fue ampliada.
La fachada de la casa principal conservaba sus ornamentos originales, Foto:Andrea
Knight
Las aberturas
están cubiertas por paños de vidrio que desde todos los ángulos aseguran
vistas espectaculares al barrio, el Riachuelo y el Puente Transbordador,
panorámica que aumenta en la terraza, donde funcionará la confitería. La
iluminación de las salas es cenital. En el cielo raso se diseñaron nichos o
lucarnas que repiten la geometría del lugar, cubiertos de una tela tensada
que difunde y suaviza la luz fluorescente que cuenta con un sistema de
control computarizado. En cada lucarna hay rieles ocultos que facilitan el
posicionamiento de spots puntuales, en el caso de que la exposición lo
necesite. La fachada principal, la única que tiene un alto valor histórico,
fue restaurada y pintada a la cal, mientras que los frentes anexados se
cubrieron con paneles de vidrio que harán las veces de pantalla para
proyecciones al aire libre. Kunsthalle de
La Boca
Concebida como una
Kunsthalle o casa de cultura, cada rincón está preparado para exponer arte,
lo que permitirá cumplir con los objetivos de esta nueva etapa de Proa, que
busca afianzarse como una caja de resoncias, en constante transformación.
"Creo que no existe fractura entre arquitectura, programación, educación y
gestión, todo está integrado -expresa Adriana Rosemberg, directora de Proa-.
Las escaleras, los vidrios de la fachada, la terraza y la infinita cantidad
de espacios son válidos para conectarse con la experimentación. El vidrio
vuelve viable el sueño de un museo transparente y abierto, interactivo al
exterior, donde la programación puede ser percibida desde la calle,
interactuando con el barrio y facilitando su permanente participación."
Imagen del nuevo auditorio Foto:Andrea
Knight
Por Marina Gambier
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