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UYUNI, BOLIVIA
El municipio potosino que abre las puertas al mayor sitio turístico de
Bolivia ofrece un recorrido por sus propios atractivos: el túnel de
3.100 metros que atraviesa el cerro Tata Paisano, un cementerio del
siglo XVIII, una población minera fantasma y el cementerio de trenes.
Texto y Fotos:
Quién diría, pero hace 10 años, eran pocos los
uyunenses que habían visitado su salar. Uno de los privilegiados era
Eduardo Vilches Céspedes, que 32 de sus 50 años ha dedicado a la labor
de transportista. “Nadie conocía. Se hablaba del salar, pero no era
importante, ahí estaba. Las minas y el ferrocarril lo eran todo”.
Hoy, la figura ha cambiado. Con 20.000 habitantes, según evidenció el
censo municipal realizado hace algo más de un mes, Uyuni, capital de la
provincia Antonio Quijarro del departamento de Potosí, es un municipio
que vive gracias al turismo y que cada día ofrece nuevas opciones para
que el visitante permanezca más tiempo en estos parajes. Fundada el 11 de julio de 1889, Uyuni ha celebrado este aniversario a lo grande: su desfile contó con la presencia del presidente Evo Morales, quien prometió financiamiento para construir el tramo Huancarani - Uyuni y así lograr la ansiada vinculación de la ciudad salina con Oruro. La hija predilecta de Bolivia
El auge de la minería trajo de la mano a la
expansión ferroviaria para una población pujante que durante la historia
marcó hitos importantes para el país.
El empresario uyunense Alberto Espinoza Garnica, de 63 años, hace
hincapié en una de estas acciones meritorias. El presidente Germán Busch
declaró a Uyuni como “Hija predilecta de Bolivia”, título ratificado por
Hernán Siles Zuazo el 7 de julio de 1983. ¿El motivo? 2.000 mujeres
anónimas, heroínas del Chaco, que atendieron a los soldados que iban al
campo de batalla y a los heridos que regresaban. Lo más loable de este
gesto es que se prolongó hasta un año de terminada la contienda, pues
seguían llegando los prisioneros de Paraguay.
Aparte de este título —según el libro Historia de la fundación de Uyuni,
de Nicolás López Nina— a Uyuni se le ha conocido como “Puerto Seco de
Bolivia”, por el potencial comercio nacional e internacional y “Ciudad
benemérita”, por Víctor Paz Estenssoro.
Pero 119 años de existencia no pasan en vano y el apogeo minero y ferroviario ha pasado. “Los que quedamos en Uyuni, luego de que la mal llamada relocalización implicara el despido de más de 400 trabajadores ferroviarios, pensamos que nos estableceríamos como una pequeña población civil. Pero nosotros hemos sabido levantarnos y hemos empezado este nuevo camino con el turismo”, afirma Vidal López Pérez, el actual alcalde de Uyuni. Centro de múltiples culturas
Con la expectativa de abrir las rutas que conecten
a Uyuni con Potosí y Oruro, las perspectivas de crecimiento insuflan
nuevos bríos en los lugareños, quienes invierten en el desarrollo de
servicios para los turistas que a diario llegan con el fin de conocer el
salar de Uyuni y proseguir el viaje hasta el Área Protegida Eduardo
Abaroa y las poblaciones vecinas.
Atractivos no faltan en la ciudad y los alrededores. El reloj que se
ostenta a unos pasos de la Alcaldía es un monumento emblemático de Uyuni
que ya forma parte de la iconografía. Ha cumplido 78 años y se construyó
en ese entonces a petición del pueblo, que juntó dinero para contar con
una pieza memorable.
La máquina se trajo desde Alemania, pero fue un ingeniero uyunense
apellidado Barrientos el que se ocupó de la construcción.
El reloj forma parte importante del uyunense, tanto así que los
pobladores que hoy radican en Cochabamba y Oruro han construído réplicas
en esos departamentos. “Es realmente único”, atina a decir el alcalde
López.
Lo propio pasa con el pilón. Al principio se encontraba en la plaza
Campero, donde actualmente se halla el correo, y después fue trasladado
a la avenida Arce.
La Aduana, el Banco Central, el Correo y la Alcaldía son algunos
edificios emblemáticos en que aún se puede apreciar el esplendor de la
arquitectura republicana. “Es muy importante para nosotros el quiosco,
porque a partir de él se miden los 1.400 metros a la redonda, que son
los que definen los límites de Uyuni”, explica López, mapa en mano. Ya saliendo de la ciudad, más sitios pueden interesar al visitante. “Por ejemplo, está el camino de herradura, opacado por la vía férrea. Antes del nacimiento del pueblo, la gente ya partía rumbo a Antofagasta con llamas y carretones, pues el mineral debía llegar hasta la costa. “Por el borde del salar se cruzaba desde el Gran Chocaya, La Posta, Quiasa, Vinto y Salinas hasta Iquique. Se hacía esta travesía por el llamado camino de herradura internacional”, puntualiza López Pérez.
El túnel de Pacamayu
Fueron tres años de arduo trabajo, con maquinaria traída desde Chile,
hasta 1886. Desde ese momento, el túnel enrielado une en una línea recta
de 3.100 metros a la mina con el ingenio. Es el célebre túnel de
Pacamayu.
Hoy, la desolación habita el ingreso del túnel, a excepción de dos casas
que flanquean la entrada del lado de Huanchaca. En una de esas casas de
Pacamayu vive Paulino Mamani, de 48 años. Con seis hijos —cuatro varones
y dos mujeres— y su esposa, son una especie de guardianes de la nada,
pues Huanchaca ha desaparecido. “Al día deben pasar unas veintitantas
personas por el túnel, de ida y vuelta de Pulacayo. El cerro se
atraviesa caminando unos 45 minutos”, explica Paulino, quien ingresa con
su lámpara de carburo para tener luz.
“Estamos todo el tiempo con los animalitos, tenemos llama. Vivo aquí con
mi esposa y mis dos hijas pequeñas. No hay nada más que las dos casas y
los cerros”.
Pero la esperanza siempre queda. “Quisiéramos que la cooperativa y la
Alcaldía hagan algo para habilitar este camino para los turistas y
podamos mejorar nuestro nivel de vida”.
A una media hora de viaje por un dudoso camino está Huanchaca. Rastros
quedan de su esplendor, con una iglesia derruida que mantiene todavía
sus columnas y cuyos espacios vacíos revelan la presencia de vitrales.
El pueblo, ya sin sus techos, está a los pies de una montaña que se baña
de sol en invierno. El visitante puede recorrer las casas vacías e
imaginar la vida allí durante el auge de los minerales. Los dos cementerios
El cementerio de Uyuni data de fines del siglo XVIII, aunque las tumbas
de Antonia Araujo y Juan Vladistovich, de 1903, son las más antiguas en
tener inscrita alguna fecha. La costra rocosa, muy común en la zona,
sirve de materia prima para los mausoleos. Su capilla, Nuestro Señor de
la Agonía, data de 1947.
Espinoza camina entre las tumbas sin identificación. “Inclusive se dice
que aquí fue enterrado Hilarión Daza”, comenta.
Hacia el otro lado de la ciudad está otro cementerio, el de trenes.
Lugar ya recurrente para los turistas, tiene ferrocarriles, carros
desmantelados y otros objetos en desuso. “Lo que más quisiéramos es al
menos cercarlo para proteger las piezas, pero el problema es que es de
una empresa pública”, acota el Alcalde. “De todos modos, tenemos 15
locomotoras y tratamos de buscar dinero para montar un museo, aunque no
contamos con los predios”.
A esto se suma el comercio en torno a la región, lo que convierte a
Uyuni en la puerta del desarrollo del sudeste potosino. Ni qué decir de
las fiestas como el Carnaval, su tradicional pichuncho (mezcla de vino
con singani) y de su tradición artística. “Somos pocos los uyunenses que
quedamos acá, es más gente de los lugares aledaños, pero llevamos el
sentimiento de solidaridad demostrado por nuestras madres. Por eso, la
sencillez y la solidaridad es nuestra principal característica”, cierra
Vidal López Pérez.
BRÚJULA
Cómo llegar.
A Uyuni se llega por vía férrea en los trenes que parten de la ciudad de
Oruro. Los pasajes se pueden comprar desde La Paz. Clases salón y
ejecutiva. Los buses parten a diario de Oruro, Potosí y La Paz.
La estadía.
Uyuni cuenta con servicio de hospedaje, alimentación, internet y
agencias de viajes que se adaptan a los bolsillos. Más información: http://www.la-razon.com/
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