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Para ver el bosque
El estudio Joselevich-Rascovsky diseñó una vivienda que desde todos sus
ambientes se integra con los árboles del antiguo Parque Saavedra
Rara vez una vivienda particular logra integrarse naturalmente al espacio
público sin perder intimidad. Cuando compró el terreno, la propietaria de
esta casa, una mujer soltera, sin hijos y sin apuro, lo hizo con la ilusión
de construir un refugio cálido y transparente desde donde poder contemplar
los árboles y el intenso movimiento del Parque Saavedra, un pulmón verde
fundado en 1873, de forma redonda, con calesita y club propio, uno de los
más lindos y antiguos de la ciudad.
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Teniendo en cuenta esa premisa un tanto voyeurista, las arquitectas Irene
Joselevich y Ana Rascovsky imaginaron un cubo con una máxima situación
pasante en relación con la plaza y el fondo del terreno, es decir, que aún
estando en el extremo del jardín el cliente pudiera ver la vegetación de la
plaza a través de la casa. Con ese fin, la vivienda se construyó elevada
sobre el terreno y bien retirada de la línea municipal mediante un patio
cerrado por una reja de chapa agujereada y un tubo de acceso que conecta con
la puerta de entrada, de madera y vidrio.
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La fachada vidriada de la doble altura permite el contacto directo con los
árboles del exterior, situación que se repite en la planta superior en los
baños, también vidriados. Toda la superficie transparente quedó protegida
por una gran reja que, además de garantizar la seguridad, sostiene plantas
trepadoras y cañas que hacen las veces de cortina porque, si bien la dueña
optó por no ponerlas, admite que al principio le costó adaptarse a la mirada
indiscreta de los vecinos, que no resistían la tentación de espiar por los
agujeritos.
La casa se agranda...
"Debido a su profesión, el cliente requería un espacio muy amplio, y por
cuestiones de presupuesto ese espacio integra living, comedor y cocina,
creando un gran área multifunción flexible", recuerda Ana Rascovsky.
Así, la casa, de 135 metros cubiertos y casi 200 en total, se divide en dos:
la planta baja en doble altura, un cubo de 8x8x4,5 m, y una planta superior
privada, de menor escala, distribuida en dos amplios dormitorios, uno en
suite, con un baño cuyo frente queda también abierto a la plaza.
En la planta baja, las carpinterías se abren completamente integrando el
interior con el jardín con piscina, áreas que de noche quedan separados por
una cortina de enrollar.
La estructura de la casa es una síntesis perfecta de hormigón, hierro,
vidrio y madera, elementos esenciales que aportan calidez y austeridad al
diseño que, sin embargo, abunda en detalles de lujo como la ausencia de
columnas en la doble altura de la planta baja, los pisos de impecable
lapacho y las grandes carpinterías de puro cedro. De tarde, los ambientes se
inundan de sol, y en invierno se calientan mediante radiadores de agua.
La obra demoró once meses, e insumió un presupuesto estimado en 1000 dólares
el m2. Al principio las comodidades de la casa fueron exclusivamente
pensadas en función de una mujer soltera. Pero como al poco tiempo de
mudarse la propietaria cambió de estado civil, la vivienda sufrirá algunas
modificaciones, ya que además de marido, ahora hay un niño en camino.
Por Marina Gambier
De la Redacción deLA NACION
Ficha técnica
Obra: casa Besares
Ubicación: Saavedra, Buenos Aires
Arquitectos: Irene Joselevich-Ana Rascovsky
Colaboradora: Brenda Falcón
Empresa Constructora: Primer Plano
Maquetas: Gastón Vautier
Fotografías: Nicolás Hardy
Area del terreno: 320 m2
Area del proyecto: 185 M2
Año del proyecto: 2006
Año de construcción: 2007
Carpintería de aluminio y Herrería: Metalum
Madera pisos: Trumar
Pileta: Carlos Sturla
Empresa de jardinería: Los Coihues
Más información: www.lanacion.com.ar/
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