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MIRADOR VIÑA SEÑA, CHILE, GERMÁN DEL SOL
La construcción del Mirador Viña Seña en Chile supera el tradicional
homenaje al proceso de fabricación del vino, dedicando completa atención al
viñedo y al territorio en el que es cultivado. Germán del Sol cuenta que,
cuando se habla de arquitectura relacionada con el tema del vino, se piensa
ante todo en una bodega, en la que se alaban las fases de fermentación de la
uva, o el lugar de almacenamiento de las cubas para la maduración del vino,
ubicada generalmente en algún castillo o en un imponente edificio, que ya de
por sí impresiona a la imaginación del visitante.
Su intervención en el Valle de Aconcagua recupera en cambio el arquetipo
arquitectónico de la pérgola, sobre la cual tradicionalmente se hacía que
trepase la vid, y lo hace convertirse en elemento identificativo e icónico
de un punto, el privilegiado de observación de las viñas Seña. El Mirador se
integra en la pendiente convirtiéndose en parte de la misma, asumiendo sus
colores y haciendo aflorar de sus senderos las piedras removidas. Pocos
volúmenes largos y bajos albergan los servicios, un punto de descanso y un
recorrido en el que es posible recibir alguna información sobre la
agricultura biodinámica, que regula los principios de fabricación del vino
en este valle. Arriba se yerguen las pérgolas, hechas de troncos de madera
oscura, que desde lejos se confunden con el negro de los muros. En el
centro, una escalera de mampostería de pocos peldaños da inicio al lento
paseo que sigue el declive del valle, describiendo un recorrido agradable de
norte a sur, que da el tiempo al visitante para admirar las diversas almas
de la viña: desde los senderos blancos que ondean entre las colinas a las
manchas de verdor de las vinas, a los bosquetes de plátanos y robles, a las
colinas de arbustos autóctonos que hacen de bastidores al escenario. Los
pequeños muros del sendero, pintados de blanco en su parte superior,
prosiguen idealmente por los caminitos del mantillo claro que se ven surcar
el valle a través de las cepas. Es posible pararse sobre los pequeños muros,
sobre los paralelepípedos esparcidos que hacen de bancos o sobre las grandes
rocas que emergen del terreno sobre el está construido el Mirador. En un momento en el que la arquitectura es proyectada para ser icono del lenguaje del arquitecto, signo autorreferencial de sí misma mismo o himno a la caducidad de las modas y de las experiencias, el Mirador de Germán del Sol es una obra enteramente dedicada al contexto paisajístico, que se hace portavoz de su mensaje, poniendo el centro del proyecto fuera de la arquitectura misma.
Proyecto: Germán del Sol
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